Google Analytics

domingo, 11 de mayo de 2014

Nota de Schizoid Man: Aunque aparezca yo como autor de la entrada, ésta ha sido escrita por mi compañera Neon Furs, la cual, debido a unos problemas técnicos, no puede entrar a su cuenta de blogger y actualizar por sí misma, así que, me ha pedido a mí que la edite por ella hasta que el problema se solucione y vuelva todo a la normalidad. Si vais a poner que el texto os gusta, alabad a ella. 
Si no os gusta, yo me lavo las manos.


Hoy vamos a hablar de una banda marginal. Hablaremos de uno de esos grupos conocidos que ya apenas escuchamos. Hablaremos de esas canciones que en algún momento supusieron algo pero que están más ligadas a una fase de nuestra vida que a nuestro presente. Hoy, nuestro tema de conversación será Placebo.



La verdad sea dicha, no tengo mucha idea de como comenzar a hablar sobre Molko y sus chicos. Formaban un trío extraño desde que comenzaron sus andanzas allá por los noventa, y en ocasiones me pregunto si habrían tenido el mismo éxito si no hubiese sido por la imagen que proyectaban. Mejor dicho, la imagen que proyectaba Brian Molko, el cantante y a todas luces gran líder del grupo. La personalidad de este sujeto no es dada a calificativos, y llamarla extravagante sería quedarse corto. La crítica lo odiaba, quienes lo entrevistaban eran humillados por la retórica en ocasiones sarcástica y seductora a la par y sus fans lo adoraban como la personificación del más bello entre los queers. Era un tipo peculiar. Cuando se usa la expresión “ámalo u odialo, pero no te será indiferente” se está refiriendo a alguien como él. Su comportamiento como una reina dramática del rock le ganó tantos adeptos como desprecio, y no creo que nadie sepa cuando termina la actuación y dónde comienza a entreverse la personalidad real. 

Desde luego, nada podría haber favorecido más a la banda en sus inicios. No es que su primer álbum, Placebo (1996) no tuviera su mérito, puesto que esa versión oscura e ininteligible del britpop no carecía en absoluto de encanto. Con algunos temas como I Know o Bruise Pristine habría sido difícil pasar por alto el primer proyecto de la banda, añadiéndosele a ello la rareza que suponía la peculiar voz nasal de Molko. No era el tipo de sonido que sale de una boca cuando te tapas las fosas nasales, estridente y cuasi cómico, sino una forma de canto de quien sabe reverberar el sonido de su voz de una manera nueva y poco conocida. Entre la novedad del canto, la oscuridad de sus melodías (respaldada con el buen bajo de Olsdal) y la personalidad del cantante, no pasó mucho hasta que consiguieron atrapar la mirada de los grandes. Ni la música ni las estratagemas de Molko para provocar a la sociedad y a la prensa pasaron desapercibidos. Las canciones, los vestidos en que se enfundaba, las declaraciones sobre la sexualidad de los componentes -que parecían más un desafío que una constatación- así como los insultos aleatorios que dirigieron incluso a sus propios fans llevaron al nombre del grupo de boca en boca.
Fue de este modo que el grupo pasó una gloriosa etapa, pasando de ser teloneros de U2 en el PopMart a actores secundarios aleatorios en Velvet Goldmine. Para su segundo álbum, Without you I'm nothing (1998), consiguieron incluso el apoyo y la colaboración de David Bowie, que acabó participando en la canción homónima del álbum. Bella canción, la verdad. La voz de barítono de Bowie junto con el nasal tenor de Molko tuvieron un resultado bastante agradable. Por no hablar del extraño efecto que provocaba ver dos tipos tan distintos de androginia en la misma foto. La mezcla Bowie-Molko tuvo cierto poderío en su momento. 

Volviendo al hilo, éste fue el álbum con el que lograron alcanzar la fama más allá de las fronteras británicas, llegando por doquier y convirtiéndose en la pequeña esperanza de la tristeza rebelde. Formaban un trío decadente, exageradamente antisocial y contaban con un respaldo poderoso en el panorama musical. Arrasaban en la MTV (cuando la MTV no era tan patentemente mediocre, como ahora) con temas candentes como Every me and every you o Pure Morning, cuyo video solo ya atraía suficientes miradas



A éste álbum le siguió Black Market Music (2000), el cual se canalizaba hacia una especie de crítica social con canciones como Slave to the Wage -que venía a ser un grito de desprecio hacia la sociedad en general y, en especial, a la luxemburguesa-, y a temas tan aleatorios y poco frecuentes como en Narcolepsy o Peeping Tom, que puede definirse como una oda al voyeurisme. Tampoco se olvidaron en este disco del recurrente tema de las drogas con Special-K. El caso es que en este álbum el estilo del grupo cambió bastante. Podría decirse que en cierto sentido maduraron, amortiguando la voz nasal y dejando de lado el tono meloso por un sonido más real, escogiendo letras más complicadas e incluso pronfundas, abrazando una nueva faceta más adulta pero aún así tan propia de Placebo.

Con Sleeping With Ghosts (2003) el encanto se perdió un poco más. ¿El disco merece? Sí, aunque tampoco destaca. La inclusión de sonidos cada vez más electrónicos no fue una mala idea, pero el efecto de “renovación” que podría haber conseguido la banda desaparece. El álbum no deja de ser una variante más de la misma esencia, aunque no por ello se convierte en malo: poco innovador, sí, pero nada asesinable.
Meds (2006), en cambio, fue el punto de inflexión en la carrera de Placebo. Aún contando con la participación de Hewitt, el grupo consiguió hacer un buen trabajo y acabó creando alguna de sus canciones más conocidas, más épicas. Este es el caso de A Song to say Goodbye, el segundo sencillo y el que más fama ha alcanzado, con letras que te dejan a medio camino entre las lágrimas y la desesperación, pero que a pesar de su apariencia emo no deja de tocarte una vena sensible a momentos. Ya el comienzo es precioso: You are one of God's mistakes, You crying, tragic waste of skin.

A medida que concluía la primera década del siglo XX, Placebo fue encaminándose cada vez de manera menos sutil a su perdición. Siendo cierto que hay temas concretos de Battle For The Sun (2009) que son capaces de hacerte pasar un buen rato entre sus bajos profundos y un rock-pop que camina cerca de lo oscuro y lo moderno, la verdad es que no es meritorio de grandes alabanzas. La falta de Hewitt, el baterista original de la banda, y su sustitución por el joven y flameante Forrest, se notó no solo a nivel de ritmos sino también en el estilo. Los rumores dicen que la marcha de Hewitt se produjo con un enfrentamiento que más o menos acabó con él diciendo algo parecido a: Estoy hasta los putos huevos de tí y tus mariconerías, Brian. Toma mis baquetas y mételas por el recto. Adiós, capullo (en realidad me imagino que ésta fue más cruenta e hilarante que esta versión, pero este es un blog para todos los públicos así que mejor descafeinar las cosas).

Claramente, la versión oficial se inclina hacia unas simples divergencias artísticas entre el baterista y los otros dos miembros del grupo. El caso es que su marcha no deja de ser un pecado para la banda y prueba de ello es el último -y peor- álbum que el grupo ha sacado: Loud Like Love (2013). ¿Por qué es tan malo? Porque ya no son Placebo. Ahora es un alegre trío de hombres que intentan inculcar en tu linda cabeza los problemas que las nuevas tecnologías pueden suponer para el ser humano. Se han pasado a la moralización, han cambiado de estilo musical y me han matado por dentro. Una de las cosas que más caracterizaba a la banda era justamente eso: el hecho de cantar alabanzas y desprecios sobre asuntos marginales que nadie quería tocar, el aclamar con rebeldía todo aquello que la sociedad escondía en los armarios. Con el último álbum, lo único que queda son dos hombres en sus cuarenta y un baterista sobre los veinte, tratando de explicar como debería tener cuidado con mi móvil y vivir más sin aparatos electrónicos. Y para que alguien me moralice, ya tengo a mis progenitores, gracias. 

Tristemente, no se puede afirmar que la melodía compense las carencias de la letra, puesto que musicalmente el grupo, en un intento por su evolución y redefinición, se ha dirigido sin perdón a un empeoramiento respecto a su antiguo yo. Y eso no es algo que guste. Nadie quiere ver el lento decaer de los mitos de su adolescencia.


10 comentarios:

  1. Buen texto. Bien introducido y explicado. Placebo me enganchó a los dieciséis años con una interpretación en directo de Bruise Pristine, me acuerdo. Era la época en la que, antes de que vinieran Kaiser Chiefs, Franz Ferdinand o Arctic Monkeys, nos volvía loquitas Brian Molko.

    Un beso, Neon. Espero que se solucione tu problema y actualices más a menudo.

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado, las cosas como son. Placebo es una de esas tantas bandas que he escuchado por omisión más que por acción. Mi hermano tiene su discografía y grandes éxitos; y he de decir que, en un principio, desarrollé una serie de prejuicios por la voz de Molko, que no por su aspecto, que era interesante. De todo lo que ha sacado, quizás me quedaría con sus tres primeros discos, incidiendo en Meds e Infra-Red: un temazo como una catedral. Una pena que hayan decaido tanto, pero bueno, quizás les vendría bien una separación y saber qué hacer con sus vidas. No serían los primeros ni los últimos.

    ResponderEliminar
  3. Muy buen texto, además comparto mucho esa visión sobre una trayectoria en declive. Siempre he pensado que en todos sus álbumes habían buenas canciones donde rascar pero no llegaron a hacer una obra maestra como álbum, aunque el "Black market music" estuvo cerca a mi gusto. Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Buff, Placebo... Los vi dos veces en directo y me aburrieron mucho; además, Brian Molko es un divo de tres pares de cojones. De ellos, sólo me gusta la versión que hicieron del Johnny And Mary, de Robert Palmer. Lo demás...

    Pues eso, Neon, me alegro de leerte. Un saludo. Buen texto.

    ResponderEliminar
  5. Buenos recuerdos de sus tres primeros discos. Les ví por primera vez en Madrid, teloneando a U2 en el 97. Y luego años mas tarde.

    Tengo que confesar que mi disco favorito de ellos es Meds, que casi nadie menciona. Buen grupo cuya formula se fué agotando poco a poco.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  6. Buen texto.....pero esta banda a mi nunca me ha dicho nada.Y quizas por edad cuando aparecieron deberian haberme contagiado...pero no fue a si.

    ResponderEliminar
  7. Hola Neón!! Interesante recorrido de una banda irregular e hinchada de ego por culpa de la industria Inglesa. Acabe hartandome de Placebo y mucho tras "black market...", me agobio mucho tanta tristeza, tantos 'guahai' en la voz de Molko y la desaparición poco a poco de las guitarras. A partir de aqui, LA NADA!... y veo que voy a seguir así con ellos.

    ResponderEliminar
  8. Genial texto, al grano, como debe de ser. Yo pienso que Placebo era una muy buena banda, pero sus discos están enevejeciendo, y que encima Brian Molko esté ahora mismo en estado de siniestro total, no ayuda demasiado.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. No voy a fingir.
    Ya no controlo nada de música.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  10. Fantástico texto para una banda que como profesionales son una mierda. Vinieron de guys a Cartagena, se comportaron como niñatos porque decían que eran teloneros de Amaral, cogieron y se fueron. Que les den.

    Bueno texto, eso sí.

    ResponderEliminar