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miércoles, 7 de mayo de 2014

Me he dado cuenta que, en todo este tiempo que llevo con el blog después de mi hiato  respecto a mi anterior bitácora, aparte de seguir una linea continuista, he observado que, si se leen mis entradas es porque sé poner títulos interesantes; y me lo han dicho. Me preguntaba mi madre, que es lectora de este espacio, que por qué pongo los títulos tan pomposos y no lo hago muy simple. La acaricié, como si fuera un perro y le dije: mamá, hay que saber venderse. Y a la hora de vendrse, todo vale. Y eso lo extraje de Mad Men. En realidad no tengo por qué reivindicarme, pero sí afronto cada actualización como si fuese la última, he de reconocer que me gusta ponerle pasión, investigar, sea Iron Maiden, El Conde de Montecristo o alguna pelicula de los Coen. No se entiende la información sin periodismo. Estuve meditando mucho tiempo hacer una entrada sobre Iron Maiden, una institución musical como lo pueden ser Prince, Elton John, Madonna, Aretha Franklin, los Stones o B.B King. Cuando vendes más de cien millones de discos y todo el mundo ha escuchado algo de ti aunque sea por acción u omisión y ve camisetas tuyas, ya no eres un icono del heavy metal, blues, soul, pop o de la homosexualidad, como el propio Elton, no: eres un referente musical a todos los efectos. Para mí, Iron Maiden siempre ha tenido mucho mérito por dos razones: supieron sufrir, esperar y desde su primer disco hasta ahora se han dejado la piel, como en los conciertos. Diablos, ¿alguien ha visto a Dickinson en concierto? Si corre más por el escenario que Rafa Nadal en una pista de tenis. Saben perfectamente quiénes les dan de comer, y Steve Harris siempre lo ha dicho: sus fans son lo primero.


Por eso, me molestan los oportunistas y los que esperan la zozobra para intentar demeritar tu trabajo. Y de esto, la banda capitaneada por el ilustre Steve Harris y Blaze Bayley, saben un rato. Sobre todo el último. Cuando sacaron en 1992 un muy buen trabajo -pese a que mí no me guste mucho- como Fear Of The Dark, se encontraban en un momento sensacional. Tanto Metallica como ellos -y posteriormente Pantera-, Dickinson era algo así como Odín para los metaleros, y parecía que los años noventa no iban a ser tan duros para ellos como sí lo estaba siendo para otros compañeros de generación y de estilo. Pero la vida es caprichosa, y es una ruleta rusa en la que, en cualquier momento, puede tocarte la bala y acertarte con ella en el corazón. Y si no morir, al menos estar en coma tiempo. Nada ilustra mejor este ejemplo de lo que le pasó a la Doncella y a otras bandas de su tiempo en los primeros años de los noventa. Pongámonos en antecedentes. Todos sabemos qué pasó con el Heavy Metal en aquella década.. No es que se hiciesen malos discos; simplemente, no era el momento. Cada generación tiene sus héroes; y en la de los noventa, Iron Maiden no tenían cabida. Dura lex, sed lex, como nos decían en Derecho y escribieron los visigodos. Traducido al español mío: jódete y que te den por el culo. Y así fue, y aunque yo no sea metalero ni heavy pese a que me guste, creo que fueron demasiados duros con ellos. Claro, los que los escuchaban en los ochenta y crecieron con discos como Powerslave, Peace of Mind o Seventh son of a Seventh Son y vieron que, de la noche a la mañana, todo el mundo iba zarrapastroso, que los solos de guitarra ya no eran tan grandilocuentes como antes y que, de repente, el estilo siempre metódico y castrense del Heavy Metal se había sustituido por el Do It Yourself de las bandas alternativas, aquello tuvo que ser muy complicado. Es como comprarse un Viceroy anunciado por Julio Iglesias y luego tener que comprarle un Rolex falso al senegalés que va por la playa. Eso era Iron Maiden en los 90.


Bruce Dickinson fue inteligente: sabía que si quería empezar en solitario en serio, éste era el momento. La tensión era insoportable, no sabían cómo virar porque el Heavy estaba tan mal, que pese a que hubiesen lanzado un Powerslave cinco años seguidos, se les habría relegado a una segunda fila. Bruce se fue, y encima le iba bien, claro; porque, entre otras cosas se sacó en 1997 un discazo como una catedral llamado Accident of Birth, que era como deberían haber sonado Iron Maiden en los años noventa; sin embargo, entiendo que a Harris, lider de la banda, aquello le doliese como una puñalada en el corazón. Quería demostrar que podían reventar estadios sin él y encabezar festivales sin su presencia. Para cumplir esa misión, había que localizar a un cantante que fuese totalmente opuesto a él. Y es ahí cuando entra mi querido Blaze Bayley. Dudo mucho que haya personaje más odiado y vilipendiado que el pobre Blaze, cuando era un pedazo de músico, un gran cantante -en una onda distinta a Dickinson- y que, encima, sabía componer temas grandiosas. Su voz, oscura, tétrica, nacida del recuerdo de una infancia de cicatrices y en la que parecía que la propia guadaña de la muerte iba rozándote con su filo, a muchos nos sigue dando escalofríos. ¿Por qué fracaso Blaze en Iron Maiden? Muy fácil: tuvo que bailar con la más fea -el recuerdo de Dickinson, los ya mencionados cambios de tendencias musicales-. Y eso, en un mundo tan icónico y devoto como es el Heavy Metal, un sólo fallo te condena al ostracismo. Harris estuvo tres años buscando vocalista, audicionó todo el mundo, pero nadie encajaba en lo que él buscaba. Y ahí apareció él, tímido, sin saber dónde se metía y sin ser, creo, plenamente consciente de a quién sustituía. Y finalmente, tras las audiciones correspondientes,  se convirtió en el cantante de Iron Maiden. Lo que ignoraba es que ahí empezaría su particular  tour por el Monte Calvario para acabar crucificado y relegado a un olvido del que nunca salió. Claro, Maiden, antes de presentar disco nuevo, quería ver cómo funcionaba Blaze en directo, y la respuesta no pudo ser más contundente: abucheos y escupitajos. Él no se amilanó y cumplió no sólo como profesional, sino también como un humilde trabajador más. Luego llegaron las sesiones de trabajo de lo que sería su primer disco con la Doncella y Steve, por probar a Blaze, le hizo participar en las composiciones y le gustó, en un principio, ese enfoque oscuro que le dio a la banda. Él, a contrario que Dickinson, no era muy partidario de las epopeyas literarias como las de Alejandro Magno; lo suyo era contar historias biográficas mediante letras más complejas y retorcidas con influencia del cine de terror. Aquello, tal y como lo anunció la prensa en su momento, apuntaba alto. Podía ser interesante.
La banda comenzaba de nuevo. Se retrotaían a cuando comenzaron, y con elllo, las dudas, los complejos y lo que es más importante: hacer frente al pasado glorioso con el atoramiento que supone siempre empezar de cero cuando crees que haberlo tenido todo hecho. Fueron valientes, arriesgaron, demostraron humildad pese a haber habitado el cielo, no tuvieron ningún problema en pasar a liderar festivales de 70.000 personas en los ochenta que a tocar en salas o en pequeños recintos con capacidad apenas para ocho mil personas. El cambio iba a ser grande, enorme, habría momentos de fracasos y frustraciones, pero con este nuevo trabajo, consiguieron con este disco algo que les obsesionó y que no todas las bandas de Heavy Metal lograron: parecerse a Black Sabbath y demostrar que eran unos dinosaurios, sí; pero que trabajaban y querían pelear de igual a igual con las bandas del momento. No rehusaron compartir cartel con bandas alternativas, de nu metal, post-hardcore o Crossover porque sabían que la habitalibidad y la fama de su música en los noventa, vendría en parte, en cómo afrontarían el reto de haber cambiado su status y en saber encajar el hecho de que bandas inéditas o efímeras, aparecieran en grande en los carteles mientras que ellos, que sabían de qué iba esto y llevaban, por aquel entonces, quince años en el negocio, estaban relegados a una vergonzosa segunda fila . The X Factor, que es como se llamaba el nuevo disco de Iron Maiden era terriblemente oscuro y complejo. Y por eso me gusta, porque cuando oigo la violenta voz de Blaze acompañado de la música dulce y extremadamente melódica de los guitarristas, queda una especie de confrontación sonora que, lejos de repeler, incentiva, ayuda y gana con las escuchas. Se eliminaron los estribillos gloriosos, y cada tema encierra una historia bella, conmovedora, pero de final turbulento. Hicieron un disco mejor de lo que ellos pensaban y más de lo que los fanáticos de la banda que querían a Blaze muerto intuían. Nadie sabía que el nuevo vocalista de Maiden era un músico de raza y con un estilo propio, menos grandilocuente y directo pero de una fuerza contenida que emanaba de una voz quizás no tan académica, pero aportó frescura y novedad a un combo que no entendía por qué había tanta hostilidad hacia ellos en cualquier momento. Y eso se notó desde el principio. Uno de sus credos como músico era la huelga japonesa: echaba más horas que un reloj tanto en estudio como por separado. No era un advenedizo en el mundo de la música; se había curtido como vocalista en una buena banda como Wolfsbane, y sabía muy bien cómo se la gastaban algunos aficionados del Metal en bastiones agrados para ellos como su país, Europa, América y Oceanía.



A nadie le fue indiferente el título disco: The X Factor. Enigmático, sinuoso, ¿buscaban la sorpresa inmediata? ¿Buscaban un disco menos frenético que, como los buenos vinos, cogiera cuerpo con el paso de los años? ¿Se contagiaron de esa especie de misticismo que rodeó a muchos de los títulos de los discos de las bandas de rock y metal de los noventa? Mi teoría está clara, lo que buscaban era recuperar el amor propio que Dickinson, la salida de Adrian Smith y la efervescencia de una juventud que bostezaba al escuchar su nombre les arrebató. Supongo que es muy jodido hacer heavy metal cuando tenías a Fred Durst contando por enésima vez que el nombre de Limp Bizkit venía básicamente de una eyaculación sobre una galleta que tenía que comerse el que perdía una apuesta; o al payaso del cantante de Gren Day diciendo que buscaban con su disco debut -el apestoso Dookie- que el punk cogiera otra vez fuerza. Me cago en Dios. Lo que tiene que leer uno. El título, según contó Harris en su momento, venía a significar algo así como el sentimiento de incertidumbre del que sabe que se está embarcando en una ruptura con todo lo establecido para volver a intentar ser lo que era antes. En términos gráficos, Iron Maiden en 1995 era, para muchos, como el típico cuarentón vestido a lo Tony Montana en Scarface que buscaba restregarse y encular a alguna veinteañera en un motel. ¿Me he explicado? Pues eso. Al mismo tiempo, este compacto les acercó a una textura más orientada hacia el progresivo, estilo que, desarrollarían en sus dos últimos trabajos, para regocijo del ego de Harris y que a mí me vienen perfecto para pillar el sueño. Una primera escucha de The Sign Of The Cross me valió para constatar una cosa que estaba ante algo novedoso. Muy sencillo: me encantan las intros tétricas que, poquito a poco van avanzando hasta tejer una tela de araña, logrando atrapar al oyente. Y la guitarra de Gers suena tan genial como siempre, al igual que la de Dave Murray. Esas suaves notas, que recuerdan a Rainbow, seducen y convencen desde un primer momento. Ellos siempre han sido maestros en cambiar ritmos; en hacer las canciones en tono ascendente y en que la tralla apareciera de forma repentina. Y cuando aparece el riff demoledor, lento, pesado, monocorde, como si un moribundo estuviese exhalando una última bocanada de aire antes de morir. Estaba deseado escuchar a Blaze. ¿Y qué me encuentro? Una voz totalmente alejada a la de Bruce. Si la de Dickinson era aguda, limpia y de la escuela clásica de los años setenta, la voz de Bayley era embravecida, bruta,  cavernosa, más oscura y tétrica. Se adaptaba a la perfección a lo que querían.



The Sign Of The Cross avanza lenta, marcial, se recrean en cada riff, en cada ritmo, y cuando crees que la intensidad perdura, al poco rato se apagan las luces y viene un pasaje instrumental que adormece los sentidos. Y no por malo, sino por la dulzura y la hipnosis y el trazo fino y delicado de Gers y Murray. Tenían tan mal la autoestima, que no veían que esta canción era una obra maestra en su totalidad, y que podía mirarle de tú a tú a cualquier cosa que podían haber hecho antes. Blaze canta genial, con su habitual parsimonia, arrastrando más las frases, y con una técnica, quizá menos depurada, sí; pero mientras Dickinson hacía de ésta en directo algo bueno, Blaze hacía de la primera canción de este disco un auténtico viaje por la Laguna Estigia. Y ¿qué decir del solo de Murray? Quizás Adrian Smith fuese mejor, no lo dudo, pero Murray siempre tuvo un aplomo y una facilidad para los punteos que no le he visto a muchos. No olvidemos que Adrian Smith era uno de los mejores guitarristas de su tiempo,  pero Dave no le va a la zaga en un solo perfecto. El cambio de intensidad del minuto 6:09, apocalíptico, aúna una sección de viento que asusta, literalmente, con los riffs pesados, retorcidos al máximo. Como Nicko Mc Brain los redobles y los golpes, qué bueno es este tío, por Dios, y luego, cuando viene otro solo, esta vez, de Gers y uno de esos pasajes instrumentales que aquí, querido Harris, sí enganchaban, y no producen sueño, como ahora, la canción parece ya de otra galaxia para que, en el minuto 10:19, Blaze finiquite la canción con una solemnidad espeluznante. Lord Of The Flies tiene un riff absolutamente genial, más moderno y que se sostiene a la perfección entre el bajo y la batería para que Bayley nos relate la fascinación por el cine clásico. Basada en El Señor de las Moscas, más directa y más contundente, es la canción Heavy Metal estándar: un grandioso riff, un potente estribillo que el vocalista simplifica, contraponiéndose así a la grandilocuencia de Dickinson y que él parece recitar más que cantar. Ahí quizá radicó uno de los fallos de Blaze para muchos: quiso fraguarse un estilo cuando lo que le queríanera otro Bruce Dickinson. En aquellos tiempos, buscarse una identidad en algo tan arcaico como era el Heavy metal clásico, era visto como un suicidio. No pedían renovadores, sólo gregarios.



Man In The Edge a día de hoy es otra maravilla de canción totalmente infravalorada en su momento. Apoyándose en un riff con reminiscencias donde predominan ídolos de las seis cuerdas como Schenker o Blackmore, en un ritmo mucho más rápido, Blaze relata los arduos y trabajosos pasos que ha de seguir un músico para dejar de lado el pasado y afrontar un futuro que, por muy incierto que pueda ser, ha de ser encarado con profesionalidad y personalidad. Quizá sea de las composiciones que más recuerden a los viejos Iron Maiden, pero no por ello no deja de ser una canción donde el vocalista deja su impronta de forma más virulenta, como en Fortunes Of War, cuya semejanza con Sign Of The Cross es importante: una intro barroca, que avanza paso a paso entre una maraña de sonidos orientales y unos riffs reposados y pétreos como los de Tony Iommi con la faceta melódica aportada por Dave Murray y una Stratocaster más afinada en agudo de lo normal. El estribillo, totalmente ceremonial, acompañado por otro gran cambio de ritmo de las guitarras y el bajo de Harris, más rápido de lo normal y permitiendo que su cantante se luzca en un final de canción sensacional. Y lo vuelvo a repetir: Maiden nunca sonó tanto a Black Sabbath como aquí. Look For The Truth sigue explotando la faceta mística, recordando un poco a la música folclórica de Asia Menor de la banda en otra introducción de las de manual, como en The Aftermath -¡Ojito a la performance de la banda en sí!- y Judgement Of Heaven, en la que explotan su faceta más Punk en algunas de sus estrofas y con una dosis de mezquindad y ruina emocional en algunas de sus partes instrumentales. El éxito, para mí, de Maiden en este disco fue dotar a su sonido de tres factores: 1. una faceta progresiva que no llega a ser asfixiante, como sí les ha pasado en sus discos posteriores, 2. La voz de Blaze cambia totalmente la forma de hacer música del combo británico, menos artificiosa, con más naturalidad y acercándose a tesituras más grave; y por último: Gers y Murray, demostrando, de una vez por todas, que sin Adrian Smith, podían hacer un grandioso trabajo. Y esa tónica se repite en las últimas canciones, donde, pese a arrostrar consigo los restos de un pasado glorioso, dejaban patente que los británicos podían ser igual de buenos en los ochenta, en los noventa, y en el nuevo milenio; aunque también entiendo que hacer música cuando todo a tu alrededor está mal -Harris estaba muy delicado psicológicamente hablando, en aquel momento, Blaze estaba inseguro, y los demás miembros de tu banda se enfrentaban continuamente al legado de los ochenta-, influyó negativamente.



The X Factor, para muchos, fue atropellado, falto de ideas y sin poca sustancia, cuando, precisamente, muchas de las texturas musicales de la banda más complejas se lograron aquí. Cambiaron totalmente de registro, demostraron que no querían anclarse en esa ola de Heavy Metal británico ochentera, pero enfrentarse a la cultura de cabra de campanario de la prensa musical, y más en de de la música Metal, es siempre complicado, máxime cuando todo el mundo alababa la carrera de tu ex-cantante en solitario y tú, que habías liderado festivales como el de Donington, Rock In Rio,  y el Monsters Of Rock, tocabas en salas relativamente pequeñas. De ahí, quizá, la falta de autoestima y de equilibrio que caracterizó esta época de la banda. Tampoco ayudó la inestabilidad vocal de Blaze, continuamente aquejado de dolencias en sus cuerdas vocales y de unos compañeros que creían que eran malos cuando, en realidad, estaba asomando en ellos la sabiduría y la definitiva madurez de cuando empiezan a somar las canas y de la negligencia en la que incurrieron al no defender a un cantante que nunca fue querido por nadie, denotando la falta de confianza de éstos en él. Y así, afrontaron la grabación de Virtual XI -un disco inferior a éste en todos los sentidos, pero con muy buenos temas -The Educated Fool, The Clansman y esa bizarrada llamada Cómo Estáis Amigos-; pero, que a fin de cuentas, no se sostenía y constató el intento de un combo por querer alcanzar la corriente cuando, en realidad, los elementos lograron que, momentáneamente, fueran a era morir en la orilla. También me pareció mal que Blaze quedase desvalido permanentemente y que Harris no diese un paso al frente, alzase la mirada y dijera: 'éste es nuestro cantante y tenemos fe ciega en él', cuando era el primero que se batía el cobre en directo, corría por el escenario aunque la fatiga pudiese con él, intentando animar a un público que lo despreciaba simplemente por estar ahí en el momento equivocado, y para más inri, su mujer, padecía problemas de salud. ¿Cómo afrontar los maratonianos tours y conciertos de Iron Maiden cuando no puedes centrarte exclusivamente en la banda? Creo, y ya aquí me dejo de tonterías, que, independientemente de los gustos de cada cual, hay que saber otorgárle el mérito a quien lo merece. Él peleó en todo momento, sabía que tenía detrás de sí a una leyenda; lo echaron como a un perro; y para colmo, cuando Dickinson regresa a la banda, dicen en sucesivas entrevistas que con Blaze retrocedieron cinco pasos para lisonjear a su cantante de toda la vida, y, dicho sea de paso, echar por tierra un trabajo que, en su día, afrontaron con incertidumbre, sí, pero con ilusión. Honor, decencia y valor fue lo que demostró Blaze cuando todo le era adverso. Por eso, brindaré por él, esté donde esté, haga lo que haga y piense como piense: no necesitó a Iron Maiden tanto como él creía. La crítica, con el paso de los años, cuando sacó sus discos en solitario, tuvo que plegar velas y admitir la realidad: no era Freddie Mercury, Ian Gillan, Robert Plan o Glenn Hughes, pero todo aquél que lucha por lo que cree, y siendo consciente de sus limitaciones, día a dia intenta superarse, merece que todos nos postremos, sino ante el talento -que lo tiene, ¡vaya si lo tiene-, al menos hacia un hombre que fue profesional siempre y sólo recibió reveses.



7 comentarios:

  1. Una jodida entrada de los Maiden, tío. Ya era hora. Me ha encantado cómo has analizado el disco y los sentimientos que te provoca. La verdad es que se pasaron con Blaze. A mí me gusta más su etapa que la de Di Anno, por ejemplo.

    Un saludo. Y por cierto: tienes un ego descomunal ja, ja, ja...

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  2. Excelente crónica; parece que viviste aquellos años jejejeje...

    Sobre el disco, a mí no me gustó cuando salió en su día, pero esta crítica me ha dado la oportunidad de desempolvarlos y verificar que me equivoqué en muchas cosas. Un saludo.

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  3. Gran entrada,,,,,Del Maiden actual mejor ni hablar...Desde luego prefiero esos dos discos con Blaze,,tipo que me cae bien. Que el pastel de engrudo que llevan con sus dos ultimos discos...Volvere a recuperar este disco...del cual hace mas de una decada que no escucho.

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  4. Me alegra comprobar que hay personas como tu, con criterio y cabales, musicalmente hablando, que ensalzan este trabajo de los Maiden. Yo vivi un concierto de esa gira y fue espectacular. No voy a entrar a comparar con la época de Bruce, me parece absurdo hacer comparaciones, solo decir que este es un gran disco y Blaze un gran cantante que sucumbió al aspecto mas "borreguil" de los fans y fue injustamente tratado por casi todos. Buenisimo este post, un saludo.

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  5. Como siempre un placer pasar por tu casa.

    Saludos.

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  6. Para mi fue una gran epoca de Maiden en lo personal, en el aspecto del disco es muy bueno, quiza la produccion no es la mas adecuada, sobresale excesivamente el bajo de Harris y las guitarras ritmicas practicamente por momentos no se oyen, musical y compositivamente es una pasada, con punteos, solos y cambios de ritmo excelsos y Blaze cumple a la perfeccion, problema es el impacto que produce oir un registro tan diferente del cantante anterior y eso a mucha gente le produjo un rechazo instantaneo, pero todo aquel que escucho atentamente el disco varias veces se daria cuenta de la maravilla que teniamos delante. Yo los vi dos veces en directo y fue una pasada con un grupo entregado al maximo y Blaze dando todo lo que tenia, pero mucho fan en directo le escupia e insultaba y eso moralmente afecto a este gran cantante sumandole las giras tan largas y que no estaba acostambrado y se resintio, una pena. Eso si el Virtual XI es mas directo pera muy flojo, el tiempo le pasa factura al contrari del X Factor.

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