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jueves, 22 de mayo de 2014

No me parece Metallica una banda que despierte mi simpatía a día de hoy, no voy a negarlo, y sé que la gran mayoría de gente que me tiene inquina por las redes sociales, que no son pocos, por cierto, y a los que les mando un caluroso abrazo, porque son necesarios en esta vida, me detestan, precisamente, por lo que suelo decir de ellos.. Que hablen mal de uno, malo; pero que no hablen, peor. Lo que no voy a tolerar es que haya gente que me quiera vender a estas alturas a Metallica como una gran banda. Perdón, fueron grandes en los ochenta y después del Black Album, posteriormente, se convirtieron en maestros de lo absurdo, de las fantasmadas y de un judaismo en materia de dinero que sólo le tolero a KISS, a los Stones y a U2; es decir: a bandas grandes en todas sus épocas.  ¿Por qué existe Metallica? ¿Por qué siguen empeñados en hacer el ridículo? Sinceramente, no lo sé; pero Lars Ulrich y James Hetfield me parecen los Hermanos Tonetti del Metal, o como se llame lo que estos individuos practiquen hoy día. Alguno pensará que me paso, y es cierto, no lo escondo, cuando hay algo que no me gusta en la música, salvo que sean bandas que hayan tenido una trayectoria casi impecable, no suelo opinar, o si lo hago, digo que me parecen grandes, pero no me llaman la atención. Pero que alguien diga que estos tíos son grandes por haber hecho cinco discos geniales -no me gusta el Master Of Puppets, lo siento- en los ochenta, y pasarse los noventa de vacaciones, pues no me parece un baremo justo para medir la calidad un combo intrascendental a día de hoy. No soporto a las estrellas que van de perdonavidas, como le sucede al enano danés de Lars Ulrich, como si él hubiese inventado la música. Ni tampoco soporto a Kirk Hammett.

Porque, claro, entiendo que David Bowie sea arrogante ya que es un genio; lo mismo digo de Lemmy, Keith Richards, Jagger, Stanley, Simmons, Tyler, Perry, Young o Lou Reed. Estamos hablando de gente que casi en todas sus épocas hicieron cosas espectaculares en el ámbito musical hicieron cosas grandiosas, pese a que hoy día, incluso mis queridos U2 son más que prescindibles; y sí, me habéis pillado: el discurso de Bono, la bonhomía a lo Paulo Coelho y eso de salvar el mundo dando besitos en la boca no es lo mío ya. Antes era un chamán para mí, y le respetaré y le guardaré cariño por ser quién es y ha sido para mí, pero si este disco de U2 es malo, no seré yo quien los defienda básicamente porque han ganado mucho dinero a mi costa, y de otras cien millones de personas, y que Bono siga manteniendo el mismo discurso que hace veinte años, nadie se lo traga ya. Yo al menos. Para mi madre sigue siendo el hombre de su vida. Cuando uno es una estrella de la música, creo que debe tener la obligación moral si no de lanzar el mejor álbum posible -los años, los excesos, la creatividad y la falta de ella, son algo que se van notando- sí de hacer algo digno con su carrera. ¿Se imagina alguien a Nadal dejando de correr cuatro horas en una pista porque sabe que ese año, entre títulos y demás, quizá se lleve veinte millones euros? No. ¿Os imagináis a Michael Jordan en sus buenos tiempos dejando de luchar por ganar su sexto anillo porque sabía que tenía un contrato firmado en el que percibiría doscientos millones de dólares en cuatro años? Tampoco. Considero que, cuando has sido el referente para mucha gente en un ámbito, en una etapa de su vida concreta, especialmente en algo tan íntimo como es la música ,consiguiendo que millones de personas que han pasado por una mala época, sigan adelante, tienes la obligaciónde tener que estar ahí, al menos hasta que te retires. Y si lo haces, por favor, hazlo de manera digna, no como los Scorpions, una banda que me gustaba, me caía bien, y por el esperpento que han montado con el tema de su retirada, ha logrado que pierdan toda credibilidad que se habían ganado incluso en sus últimos años en el estudio. Es mi opinión.  Me he vuelto cada vez más iconoclasta, y gente como Metallica, U2,  Scorpions o Aerosmith tienen la culpa, actualmente, de ello, debido a la música que hacen, o a su forma tan estridente de llamar la atención. No sucede así con AC/DC, Motorhead o David Bowie y Pearl Jam: ahí están, luchan dignamente. Y quisiera incidir en AC/DC; su época con Brian Johnson me aburre; sus discos, me aburren, no ya porque sean todos iguales, que lo son, sino porque no veo magia, no veo ningún temazo que me haga cambiar de pensamiento, pero no juegan con la insidia a la hora de lanzar disco y el directo que tienen todavía sigue siendo igual. Bueno, a Lemmy lo dejamos aparte. Simplemente es Dios y nos enterrará a todos.


Yo soy de los que piensa que a Metallica no hay que odiarlos por cortarse el pelo, dejar de usar las pintas de jebitrón de los bajos de Argüelles de los ochenta, todo lo contrario; siempre me fascinó la imagen de Metallica en los noventa. Tenían estilo, y pese a que la imagen deLars Ulrich jugando a ser Marilyn Manson en vídeos como el de Until It Sleeps aún me deja patidifuso, ganaron puntos, joder. Hasta mis amigas hacían cuernitos con sus canciones. Además, demostraron, como Europe en los ochenta, que los que éramos metaleros, también nos duchábamos y, muy de vez en cuando, nos sabíamos perfumar.La imagen de la banda en los primeros noventa eran algo grandioso. Y esa contraportada del Load, tan criticada en su día, con ellos vestidos de rockeros elegantes, con pinta de pertenecer a alguna asociación de trata de blancas o de corrupción de menores, a mí siempre me fascinó. Mucho más que la imagen de los ochenta. Lo que ellos querían con su álbum negro disco era muy fácil y loable: pegar el pelotazo definitivo, y sacar uno de esos álbumes que te permiten pasar de tirarte a prostitutas con los brazos llenos de marcas de heroína, a tirarte a las mejores prostitutas de cada ciudad. Y lo lograron, porque el Black Album es tremendamente grandioso. Vaya si lo es. De principio a fin. La historia  era fácil: empezaron con un sonido netamente thrash, que los emparentaba rápidamente con la Bay Area, y se hicieron rápidamente conocidos no sólo por la calidad de sus composiciones, sino porque por aquella época, muy pocos los lograban batir en directo. Quizás, el mayor error que cometieron, y del que creo que aún deben arrepentirse es de haber echado a Dave Mustaine. ¿Se imagina alguien cómo hubiese sonado Metallica con MegaDave en vez de con el insípido de Kirk? No hubiese querido ni pensarlo. Los californianos habrían sido, literalmente, una apisonadora. Este Black Album, con el que, en cierta manera, querían homenajear a su querido Cliff Burton de una forma, quizás más melancólica -alma mater de la banda, cerebro y mente musical preclara-; pero consideraron, que la mejor forma de llevar a cabo esto, no sería haciendo un disco sucio, como su debut, rápido y directo como Ride The Lightning o Master Of Puppets, ni un disco complejo y oscuro, acercándose al progresivo como And Justice For All -mi favorito, sin duda-, sino que, un disco más accesible, quizá, les serviría para reconciliarse con el amigo muerto. Ésa, al menos, ha sido la versión que han dado durante mucho tiempo.
La pregunta que se ha hecho la gente muchas veces ha sido: ¿por qué cambiaron? Es decir, ¿por qué se alejaron totalmente de su estilo cuando eran tremendos, y, encima de todo, vendían? La respuesta es plausible: no querían ser una banda de Thrash toda la vida. Kreator, Exodus, Destruction, Sodom y demás bandas del género, salvo alguna variación que otra, han tocado esencialmente lo mismo. La dimensión musical de los norteamericanos buscaba la expansión a lo largo y ancho del orbe. Querían dejar de ser una banda de Metal para ser, o, al menos, intetarlo, una institución musical. El cuartero californiano quería más groove, más gancho, y, para ello, precisaron los servicios de Bob Rock. Como ya dije en la entrada de The Cult, Rock había llevado a unos Mötley Crue rehabilitados momentáneamente a su primer número en Europa y Estados Unidos. Lo mismo hizo con The Cult. Del Sonic Temple hizo una obra faraónica; supo manejar los egos de Duffy y Astbury para que confluyeran en un disco irrepetible. Por eso, cuando Lars y James contactaron con Bob, sabían cuál era su método de trabajo; argumentar, posteriormente, que Rock cambió a la banda radicalmente es una teoría que no se sostiene cuando son los mismos integrantes de ésta los que contactan con él para que les guíe hacia el camino del estrellato. Tras establecer las negociaciones pertinentes y demás, Bob, a los cinco días ya los puso a trabajar. Si querían cambiar su música, lo primero que tenían que hacer era fijarse en el Back In Black. Alguien se preguntará qué tipo de paralelismo puede haber entre dos bandas con un parecido superficial, pero que a la hora de la indagación musical, presentan esquemas totalmente alejados; sin embargo, había más de una semejanza. Cuando AC/DC grabó su disco negro particular, sirvió para dos cosas: homenajear al malogrado Bon Scott y para que los australianos -no les hacía mucha falta, tampoco, en eso también vivieron una situación parecida a los californianos-,  traspasasen fronteras. A día de hoy, Black In Black está entre los cinco discos más vendidos de la historia de la música; sirviendo, a su vez, como escisión o parteaguas entre dos épocas de la banda. Los otros buscaban lo mismo. La premisa primera fue escuchar el Back In Black: afilado, contundente, con una poesía callejera brutal -ejemplo de ello: Let Me put my love into You-, mejor producido pero sin renegar de la senda de los discos anteriores. Ciertamente, el componente Punk de Powerage se había perdido, pero, en cambio, habían ganado en plasticidad y feeling; y al igual que le pasó a la banda liderada por los hermanos Young, la elasticidad de Metallica vino determinado por la forma totalmente relajada, en muchos casos, improvisada de Bob con la que afrontaba algunas sesiones. Ahí los tuvo, escuchando el citado disco de AC/DC durante todas las sesiones más de cinco veces al día.

Otro de los elementos que fagocitó la subida al trono de los americanos, fue ante todo, la fortaleza mental que demostraron cuando Cliff Burton murió en esa desafortunado accidente en Copenhague. Cuando la banda marchaba en autocar hacia donde tenían que tocar. La historia y la cotiadinidad, nos ha ido enseñando que las personas, en cierta forma, son sustituibles: sucedió con Van Halen en los casos de Lee Roth-Hagar; en el de AC/DC con Scott-Johnson; desgraciadamente -para mí, claro-, con Gabriel-Collins en Genesis o en Pink Floyd con la muerte de Barret y la asunción del poder en las composiciones de Waters. No obstante, la muerte de Burton no sólo se proyectaba en la esfera personal de un músico afable, tímido, que detestaba las entrevistas y rechazaba esa parte del negocio que se le quería imponer a la fuerza. En cierta forma, era como el Izzy Stradlin de Metallica, con la salvedad que todo lo que decía él iba a misa, mientras que en el caso del que fue el cerebro de Guns n Roses, toda decisión e idea fue desechada para centrarse más en el ego de Axl Rose. Cliff, en cambio, sirvió a la perfección de ancla en una banda que lo respetaba y admiraba profundamente. Una vez se constituyó la banda a principios de los ochenta, él era el único que sabía leer notas musicales en un pentagrama y no se había ocupado sólo de hacer el cafre, sino también de documentarse y estudiar; y para cuando llegaron las sesiones de grabación de demos y discos, era el único que se había molestado en estudiar música. Claro, esta influencia se proyectó en Lars y James Hetfield, quienes, totalmente autodidactas, sabían hacer música,  pero, obviamente, estaban limitados. Gracias a él, empezaron no sólo a tocarla, sino a escucharla en vez de oírla; en sentarse, captar matices que antes creían que no estaban ahí y, en resumidas cuentas: a sentirse incentivados no sólo a desatar su furia, sino también a canalizar ésta a través de composiciones más elaboradas a la par que complejas con el paso de los años y las experiencias acumuladas. Y esta evidencia se comprueba en la evolución de la banda a través de los ochenta: Kill Em All, un disco guarro, netamente thrash con un contenido de música Punk importante; Ride The Lightning: más rápido, menos sucio y en el que se mpezaron a vislumbrar, poco a poco, la paulatina evolución del cuartero -ejemplo de ello: Fade To Black, que supuso el primer 'enfrentamiento con la parroquia metalera, que se negaba a que una banda de ese estilo incluyese una 'balada'-, o en otras composiciones como Trapper Under Ice o The Call Of Ktulu.  En Master Of Puppets -un disco en el que, salvo Sanitarium y poco más, suelo escuchar apenas., se notaba bastante que la fórmula de Burton, poco a poco se había traducido en grandes composiciones, especialmente en un James Hetfield que, a partir de ese momento, se convertiría en un frontman y un guitarra rítmica descomunal pese al lastre que suponía Hammett para la banda.

Con unas sesiones agotadoras y con un Lars Ulrich obsesionado en calcar el sonido de batería de Tommy Lee en Dr.Feelgood, y el de Matt Sorum en Sonic Temple, trabajaban más de diez horas en el estudio, tanto por separado como conjuntamente, con un Bob Rock que a toda costa buscaba que la banda se olvidase de esa perfección técnica que supuso And Justice For All. Lars y James querían terminar de grabar pronto, y las discusiones con el productor fueron constantes. Llegaron a tocar en estudio hasta más de veinte veces la primera canción del disco -Enter Sandman-, y con Nothing Else Matters, lo mismo; estaban acostumbrados a que las sesiones de trabajo fuesen cortas e intensas, pero no a que éstas fueran maratonianas y tan exigentes. La máxima de Rock era: si queréis sonar en la radio, vuestra mente tiene que cambiar, especialmente en vuestro tratamiento del bajo. Y fue una verdad como un templo. Desde que Cliff murió y Jason Newsted arribó a la banda con un cartel estupendo gracias a su labor como bajista en Flotsam and Jetsam, la posición del cuatro cuerdas para Metallica parecía estar maldita; en el proceso de elección de Newsted, antes que él, audicionó todo el mundo, incluso el espectacular Les Claypool -Primus-, quien, por derecho propio, se había ganado un puesto entre los mejores bajistas de su tiempo, fue desechado, como dijo Kirk Hammet en su momento, por sus pintas. Claro, la obsesión de los de San Diego por querer llegar a una esfera mucho mayor incluía, también, ¿cómo decirlo? El rechazo a alguien tan talentoso como Claypool sólo por la vestimenta empleada. Se obsesionaron, literalmente, con el negro. En todos los conciertos salían vicarialmente ataviados así. Buscaban conjurar todos sus males, exonerar demonios y ponderar riesgos a través de esa indumentaria. Hetfield, en unas declaraciones un tanto peculiares, comentó que esa vestimenta no era casual, sino que era una especie de ouija, por así decirlo que les permitiese contactar con Cliff. Volviendo al tema del bajo, todos sabemos qué paso en And Justice For All. Éste  no se escuchaba, y Ulrich y Hetfield dieron órdenes directas de que a Newsted no se le escuchase apenas en estudio y en concierto. Era tal la desconfianza que tenían en un músico que, a la postre, fue el único de ellos, hasta que fue expulsado, que supo lo que era honor e integridad, que les llevó a tomar una decisión humillante para el bajista. Y sin embargo, el esfuerzo, el tesón, y el sentido común hicieron de Jason como el agente delimitador de los egos de Ulrich y Hetfield. Además, consiguió algo muy interesante y difícil: hipnotizar a la audiencia con solos de bajo en directo.



Un aspecto interesante de esta evolución de los californianos, fue el tema de las letras. Quien haya escuchado a Metallica y a las bandas de Thrash, sabrá que, había un fuerte contenido social, al igual que el Punk sólo que más elaborada. Como letristas, eran tremendos, y no sólo repasando brillantemente las guerras que hse han sucedido a lo largo de la historia, sino con la consecución de fabulosas diatribas contra el sistema americano en materia de defensa, incidiendo en esos héroes que se jugaban la vida en conflictos donde, quizá, la injerencia norteamericana no era necesaria. Y así llegaron canciones y discos como Master Of Puppets, reflejando  a la perfección la contradicción existente entre un sistema aparentemente legalista como el norteamericano y su intervención en conflictos bélicos, reflejado en temas como Sanitarium, tratando de forma sutil la ensoñación inherente del militar que se encuentra en el campo de batalla y sabe a la perfección que quizá no haya un mañana, pero que se le ha impuesto ir ahí para defender la gloria de su país. En esa evolución, Burton -aunque sea de forma tácita en el mundo de los muertos-, influyó bastante; él criticaba continuamente a sus compañeros por usar demasiado en los primeros discos los tópicos del Heavy. Ya saben: fire, fuck, die, hate etc... Les hizo, ante todo, que entendieran la pasión por el cine y por leer, y ahí llegó una banda que cambió la forma de contextualizar las canciones, incidiendo, por ejemplo, en clásicos de la literatura americana como Por quien doblan las campanas, de Hemingway en For Whom The Bell Tolls; o en clásicos del cine bélico como Johnny cogió su fusil, basada en la experiencia de un soldado en la Primera Guerra Mundial y con una apología más que interesante sobre la eutanasia. Claro, a partir de ahí, y, sobre todo, con el video de One. Estamos en 1990 y entramos en el proceso de elaboración de letras. Éstas siempre han sido hechaS, la mayoría de las veces, por James Hetfield, y uno de los grandes roces con Bob Rock fue, precisamente, ese tema. James estaba contento con la primera versión que hizo de Enter Sandman a nivel lírico, pero el productor la leyó por encima y dijo, textualmente, que aquello era una mierda. El vocalista, herido en su orgullo, no entendía por qué dijo eso; así que, con el amor propio tocado y espoleado por la superación personal, siguió trabajando en ello.

 El enfrentamiento con Rock por el tema de la letra de la susodicha canción fue bastante virulento; de hecho, Kirk Hammet cuenta que tuvieron que contener a James porque se quería enzarzar a golpes con el productor; sin embargo, Lars, que a maquiavélico no le ganaba nadie, lo cogió, se lo llevó a una habitación aparte, y con las buenas palabras que siempre le caracterizaron, sobre todo, cuando se trataba de manejar a su iracundo amigo, le dijo que tenía que darlo todo en cualquier estrofa; que el disco sería una maravilla y dejaría a todo el mundo asombrado. Los tres primeros meses fueron muy duros porque la banda no se entendía con Rock, sobre todo en el tema de la lírica que se debía incluir en el disco. Fue, quizás, uno de esos trabajos que gratifican a las partes intervinientes por el resultado final, pero si se tuviese que hacer un análisis o un inventario sobre todo lo sucedido en aquel, periodo, ambas partes, habrían acabado muy mal. Claro, ellos, pese a querer hacer de Metallica no sólo una banda, sino también una marca comercial, tenían aún en sus caracteres y en la forma de trabajar, ese poso anárquico de los primeros tiempos del Metal, especialmente del Thrash; y cuando dieron con alguien tran pomposo y bombástico como Bob, ambos métodos estaban destinados a chocar. Nunca habían tenido a nadie que les llevase al límite, y Rock tuvo el mérito no sólo de hacerlos una de las bandas más importantes, sino de contener a un James Hetfield de mirada fiera y continuos arrebatos de ira; al igual que uno de sus grandes logros fue hacer del vocalista, no sólo el cafre que se dedicaba más bien a recitar y a tocar la guitarra a todo trapo mientras soltaba sus consuetudinarios ¡Ouuuh Yeaah, Ouuuh Yeaaaahhh Arrrrrrgg! Gracias al productor: James aprendió que se podía tocar la guitarra y cantar.



Afortunadamente, antes del proceso de grabacion de este disco,  era consciente de que, si tenía que prosperar como músico, debía aprender a cantar. Después de los ensayos, se metía en su habitación, en el estudio, a visionar repetidas veces el vídeo de Wicked Games de Chris Isaak. Tanto él como Bryan Adams y Bono, le entusiasmaban; pero fue el señor Isaak, quien desde la distancia y de forma tácita, recondujo vocalmente a Hetfield. Todos querían plasmar el sonido que tenían en directo,, sí; pero querían que los discos en vivo quedasen plasmados y polarizados en este trabajo. Para ello, prescindieron totalmente de Kirk y Jason. El trabajo de guitarras, se hizo de forma artesanal y Bob, para el nuevo tratamiento de guitarras del Black Album, aparte de las de Angus y Malcom Young en Back In Black, usaron el Pump de Aerosmith, el Who´s Next  de The Who; lo mismo para la batería. Bob le pidió a Lars que se fijase en el directo de Leeds de los Who, incidiendo especialmente en las baquetas de Keith Moon. Ulrich, métodico, obsesivo, quiso tocar en pleno estudio todas las canciones de los británicos en el directo, pero el productor le dijo que no era suficiente. Si la idea había penetrado en su cabeza, todo perfecto. Precisamente, los detractores de este disco critcaban, incesamente, la batería del danés. Hay quien dice que suena sobreproducida, pero es que Ulrich tocaba así de bien en directo. Eran los tiempos en los que, quizá, en el Metal, sólo podía batirlo Dave Lombardo; y a la hora de compararse con él, Nick Menza de Megadeth, Vinnie Paul de Pantera o Paul Bostaph, de Testament. El sonido de ésta era gigantesco, grandilocuente, amplificado, y para lograrlo, se usaron, nada más y nada menos que cincuenta pistas, con micros tanto en la parte superior e inferior de los parches de ésta. Para el sonido de los bombos, altavoces Mitsubishi de treinta y seis utilizados como subwoofers y dispuestos a cada lado del set de batería. Un despliegue asombroso que, a día de hoy, asombra. ¿Cómo consiguió Ulrich el sonido en directo? Con algún truco, sí; pero, ante todo, talento. Era la época en la que Lars se preocupaba más por tocar que en sumar ceros en su cuenta corriente. El espectaculo que daba en los conciertos y los duelos con James, tocando ambos dos baterías y ejecutando los mismos ritmos, enardecían, a la vez que ayudaban a que Kirk y Jason recuperaran fuerzas.



Kirk, en cambio, dejó por un instante en fijarse tanto en los riffs de Iommi, en los de Diamond Head, en los de Brian May en Stone Cold Crazy o de los primeros años de la escena thrasher de la Bay Area de California, para explorar terrenos más profanos para él. Un disco que cambió radicalmente su forma de tocar la guitarra para ese disco, fue el Still Got The Blues de Gary Moore. La obra del malhumorado guitarrista irlandés, con su feeling, sentimiento, la capacidad de superponer riffs de guitarra, influyó de forma positiva sobre él, hasta tal punto, que muchas de las técnicas de éste, las usó para temas como por ejemplo, The Unforgiven. Hubo quien se quejó de su sonido de guitarra en su día; pero, independientemente de la idea que se tenga de él como guitarrista -nunca me gustó: soso, poco creativo y sin carisma alguno-, hace un trabajo espectacular de principio a fin; Jason Newsted, igual, a quien se le pidió que tocase más el bajo como bajista y olvidase el periodo en que fue guitarrista. A su vez, Lars y James hablaron con él para manifestarle su total confianza en él: había superado con éxito las bromas al novato; era ya tiempo de darle el tratamiento de un Hoursemen más. En el momento en que suena la intro de Enter Sandman, uno sabe ya de paso que está ante algo nuevo y que los californianos han roto con el pasado. Lenta, reptando subrepticiamente y con su muro de guitarras llevando el ritmo de forma ligeramente más pausada, pero igualmente pesada. El riff es simple, mucho más que lo que habían hecho anteriormente, pero la forma en la que entra con la batería y el bajo, hasta la llegada del estribillo -sencillo a la par que demoledor- y el solo rápido, académico, indolente, pero afortunado de Kirk, desembocando en un final de canción demoledor, como la actuación de batería de Lars. En un principio, James quiso hablar, en la letra, sobre la muerte de los lactantes; pero, cuando fue conminado y espoleado a escribir una letra más elaborada, ¿qué mejor que hablar de los sueños y las pesadillas que se tiene cuando se es niño? Todos hemos crecido con el hombre del saco, con ese hombre de arena del que habla el vocalista o con cualquier aquelarre contado por nuestras abuelas. Y el vídeo, tétrico, tenebroso, con escenas tan conocidas como el niño durmiendo en su cama con las serpientes o corriendo mientras un camión acelera para atropellarlo y él desencaja la mandíbula, aún sigue erizando la piel. Una canción maravillosa y la primera prueba de que los tiempos, definitivamente, estaban cambiando.
Una de las anécdotas del disco, la cuenta Kirk Hammet, en relación con la segunda canción del disco: Sad But True. Muchos amigos suyos criticaron la canción por no ser excesivamente pesada. Él cogió la guitarra, puso el sonido del amplificador a tope, y cuando a éstos se les erizó el pelo tras ver la forma en la que tocaba, les gritó que si eso no era pesado, que dieran, entonces, una definición sobre qué cojones era pesado. Y razón tenía: sonaba mucho más dura que Enter Sandman, con una pulsación perfecta por parte de James y Kirk y con la batería de Ulrich atronando en cada intersticio del tema. Basada en la película Magic, relatan, en cierto modo, la dimensión de la fama de una banda, sobre todo cuando uno consigue alcanzar un nivel sobresaliente y sabe que será siempre criticado. Triste pero cierto. ¿Un primer dardo de la banda a sus detractores? Que nadie lo dude; está hecha para eso. Holier Than Thou sí se aproximaba, en cambio, a Metallica a mediados de la década de los ochenta: unos riffs mucho más rápidos, secos, menos envolventes; con una batería pasada de revoluciones y un ritmo, en general, que se acerca más a la banda descarada y malhumorada de sus inicios. Según tengo entendido, una de las canciones que hizo que Metallica fuese detestada por los seguidores más acérrimos, ortodoxos, y, en cierto modo, fanáticos del Heavyn Metal en todas sus vertientes, fue The Unforgiven. Nadie puede negar que es una grandiosa canción, y que contiene, quizá, al mejor Hetfield del disco. La única pega que le pondría es, precisamente, cómo se trató la voz de James aquí. Suena demasiada nítida, perfecta, y ahí radica el problema: demasiada académica cuando, precisamente, él nunca ha sido un buen cantante. No confundamos tener una voz personal con ser muy buen vocalista. De ser así, tendríamos muchísimos buenos cantantes cuando, realmente, sólo tienen una voz inconfundible. Volviendo al tema, su estribillo es memorable: la pausa, el temple, el fluir de los instrumentos y la facilidad de Hammett -aquí sí se gana el sueldo- para aportar una calma y una sobriedad que contrastan con el histrionismo y la repitición de esquemas como seis cuerdas. Tomada la introducción del western del mismo nombre -Los que no perdonan-, quiso, en su día, ser una canción de amor; sin embargo, la prefiguración no se ajustó al resultado final, conformándose en un tema que habla de heridas, rencores y de la soledad que acompaña al que se siente abandonado en una relación. La introducción, con sus guitarras españolas -agradezco enormemente que James en los conciertos se moleste en sacar una guitarra acústica o española para tocar la introducción-, le confieren una aureola, en cierta medida, mística, remachada por los suaves y gráciles punteos de Kirk. Resumiendo: una gran canción que sirvió a muchos metalheads para ponerle la proa a la banda. Injustamente, por supuesto.



Y toda esa gente que les criticó por el sonido de este disco, deben rendirle pleitesía a Wherever I May Roam porque es una obra maestra. Si no hubiese sido por esos tres singles tan descomunales como Enter Sandman, The Unforgiven o Nothing Else Matters, habría sido, por antonomasia, la canción más conocida del disco. Otra vez, Lars suena especial, con una pegada, un gancho y una rapidez inusitada; la introducción del tema, deudora del sonido Morricone, vuelve a poner en trance. La música del genio italiano ha sido esencial para ellos; y los conciertos de Metallica, como sucede con Doctor, Doctor de UFO para Iron Maiden, o el Carmina Burana de Carl Off para Ozzy, las actuaciones de los Hoursemen no se conciben sin la metódica elegancia y solemnidad de la banda sonora de El Bueno, El Feo y El Malo. Genial el trabajo de Newsted, casi inaudible, cumpliendo con sobriedad, que es lo mínimo que se le puede pedir a un músico a sueldo que, con el paso de los años, se tornaría tan fundamental que ni ellos mismos sabían lo que tenían en sus filas. Lo mismo sucede en Of Wolf And Man, Through The Never o Don´t Tread On Me: composiciones solidarias en las que se dejó a Jason participar de forma activa; y quizás no sean las canciones más celebradas del compacto; pero eso no le resta mérito a un hombre que tuvo la misma carretera o más que la de sus compañeros. Como considero que también es de supina ignorancia criticar Nothing Else Matters por ser comercial. Es cierto que esta canción supuso un antes y un después; definitivamente, para muchos se habían vendido; otros muchos, entre los que yo me cuento, seguimos viendo una obra maestra como una catedral. ¿Que Metallica abandonó el Heavy para hacer baladitas? ¿Y? ¿Qué pasa? ¿Qué tiene de malo? ¿Acaso no dejó Bowie sus camaleónicos personajes para volverse en un niño bonito en los ochenta? ¿No dejó Peter Gabriel su incendiaria puesta en escena y su mente desbordante en los conciertos con Genesis y en su carrera en solitario para hacer obras maestras a la par que simples como So, Biko, Sledgehammer o Solsbury Hill? Cuando una canción es buena, lo es; y la consabida balada de los Hoursemen es tremenda, empezando por su genial intro -eran los mejores en su época haciéndolas-, y acabando por ese espectacular solo de guitarra de James -hace pocos, pero los que hace, los borda-, que la hace incontestable; sin duda. Pero el mayor elogio que se le puede hacer al combo, es que por un instante abandonaron su imagen fiera, amenazadora y pendenciera, para entregar una canción bella y memorable. Fue, quizá, el único momento de bruma que tuvieron en todo el disco.

Fue vox populi que les costó sangre, sudor y lágrimas componerlas. Ese 'nada me importa' era un homenaje a Cliff, su querido Cliff; el hombre que los forjó como músicos y, en cierta forma, como personas; el hombre tímido en los medios y que se dedicaba a hacer bromas y aenseñar a unos jóvenes y barbilampiños Kirk, Lars y James cómo interpretar la música. Es de sobra conocido que lloraron en el estudio mientras la componían y, para ellos, supuso, en cierta forma, la confirmación oficial de que el pasado había muerto. Técnicamente, murió en el And Justice For All; pero este disco sirvió para que, de una vez por todas, cerrasen definitivamente las puertas al recuerdo musical que dejó Burton. My Friend Of Misery y The God That Failed bajan, quizá, un poco el nivel, pero para nada empaña el avasallador trabajo que habían conseguido. El Black Album partió en dos no sólo la carrera de Metallica, sino también el Heavy Metal. De la noche a la mañana, el mundo se dividía en dos tipos de personas: la gente auténtica que odiaba a los califorianos y consideró el álbum como una traición y los que se iniciaron en el mundo del rock y del metal con ellos y este disco, entre los que se encuentra el que firma esta entrada. El mérito de Metallica subyacía en que se marcaron un reto y lo consiguieron no sólo sobradamente, sino dejando todo un reguero de pólvora a sus espaldas: más de veinte millones de discos vendidos, las críticas y diatribas, por supuesto, de quienes habían sido compañeros suyos de escena en los ochenta -Kreator, Slayer, Annihilator o el propio Max Cavalera, ex-líder de Sepultura, quien declaró, recientemente, que odiaba este disco con toda su alma-; pero consiguieron ser esa institución musical tan anhelada con la que Lars ambicionaba desde tiempos inmemoriales. La escisión con el movimiento se consumó cuando no fueron, siquiera considerados para ese Clash Of Titans del 1992 en el que los mascarones de proa del Thrash giraron juntos, más Alice In Chains, y en la que ellos, no tenían cabida. De todos modos no les importó: llegaron los estadios para ochenta mil personas, un tour de casi tres años mastodóntico en el que lograron comerse, muy a mi pesar, a mis amados Guns n Roses cuando giraron juntos; participaron como cabezas de cartel, sólo por detrás de AC/DC en en ese Monsters Of Rock de 1991 celebrado en Muscú ante dos millones y medio de personas que, celebraban la incoporación de Rusia al mundo moderno mientras el Ejército Rojo, como sucedió con el concierto de Pantera, se empleaba bien a fondo con todo aquel que se divirtiese más de lo debido. Y sucedió algo que tampoco esperaban: ser llamados para tocar en el concierto tributo a Freddie Mercury en Wembley, algo impensable para ellos. Si alguien les hubiese dicho en 1989 que compartirían escenario, camerino y confidencias con Bowie, Elton John, George Michael, Liza Minelli, Annie Lennoix, Tony Iommí de Black Sabbath, Def Leppard, Seal, Guns n Roses y demás, literalmente, no se lo habrían creído. Se lo jugaron todo a una carta y salió póker de ases. Cuando todos pensaban que serían absorbido por el movimiento alternativo de los 90, le enseñaron a las bandas de los ochenta cuál era el camino para sobrevivir.



Triunfaron en un 1991 complicado y feroz, porque tuvieron que competir a cara de perro con Van Halen, AC/DC, The Cult, Nirvana, Guns n Roses, U2, Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers, David Bowie, Soundgarden, Ozzy Osbourne y Michael Jackson, entre otros muchos, y, sin embargo, estaban en todas las televisiones y revistas del mundo merecidamente. Hicieron del Heavy no esa música ruidosa, marginal y con toda esa parafernalia porculizante de tías, el Diablo y música violenta, acelerada y sexual, sino que el Heavy Metal podía ser escuchado por todo el mundo. Si Judas Priest, Black Sabbath o Iron Maiden definieron lo que era el movimiento, ellos lo llevaron a su máxima expresión comercial. Ahora que hemos dejado las alabanzas, es hora de sacar el hacha, que tengo ganas. Al igual que saborearon las mieles del éxito, sintieron en sus carnes el otro filo del poder. El problema de Metallica como banda es que se creyeron más de lo que son; llegaron las declaraciones altisonantes, egos desbordados hasta decir basta y un legado que superaba holgadamente sus credenciales como músicos. El desastre para muchos se consumó cuando vieron no sólo a una banda renovada en el aspecto físico, mucho más elegante, enseñándonos que el Heavy podía comprar también en Dior, Louis Vuitton y en Armani de la mano de cortes de pelo estilosos, la sombra de ojos y una imagen que, desgraciadamente, les perjudicó. Todo acompañado de un rumbo musical y una serie de discos que, básicamente sobran, no por el cambio afrontado, que les honra y demostró que no querían vivir del pasado; sino por demostrar que eran unos grande músicos de Thrash, y Heavy, pero unos mediocres compositores de Blues, Hard Rock y Metal Alternativo; y esa losa, veintires años después aún perdura, como la de sus continuos fracasos traducidos en festivales  donde eran cabezas de cartel y bandas con menos nombre les pasaban por la izquierda, por no hablar un documental en el que demostraban ser unos acomplejados, unos frustrados y un grupo que ni siquiera sabe ya cómo gestionar su nombre -han cancelado el festival que montaron por pérdidas; su concierto en la Antártica tuvo menos audiencia que cualquier programa en el que intervenía Pilar Rubio-, una banda que hablaba en tercera persona y un Lars Ulrich totalmente contumaz que, a día de hoy, le preocupa más figurar, soltar la tontería en rueda de prensa que en tocar una batería que la toca a duras penas, actualmente. Todo ello acompañado por un Hammett que no sólo hace lo mismo, sino que ni siquiera se acuerda de cuándo tiene que entrar su guitarra en directo, metiendo gazapos continuamente en directo y demostrando que, como alumno de Satriani, podía haberse aprendido mejor la lección. Se echó a Newsted como un perro, se contrató a Trujillo, excelso bajista, con un nombre labrado en oro con Suicidal Tendencies y Ozzy pero que no pinta absolutamente nada, y un James, que hoy día, es el único que se acuerda de cómo tocar la guitarra, hacer música y que parece haberse dado cuenta que no tenía el talento suficiente como para querer abarcarlo todo. El paso del tiempo nos ha enseñado lo evidente: cuatro músicos que ni eran tan buenos y que, a día de hoy, son prescindibles, aburridos y unas solteronas con el síndrome del abuelo que se empieza a cagar en los pañales y necesita que se los cambien. De todos modos, que estas conclusiones finales no desdibujen lo que fue y es: tenían un arsenal de clásicos y discos geniales; y si quieren, en directo -como demostraron también a lo largo de los noventa-, nadie les puede llegar a toser. Su legado 1982-1991 es incuestionable; lo otro, que cada uno establezca su criterio.


21 comentarios:

  1. te has quedado descansado amigo

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  2. Te creerás que escribes bien y todo...

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    1. Hola, buenos días. Pues no, no creo que escriba bien ni mal; sólo sé que lo intento. Entiendo que mi estilo pueda o no gustar, especialmente aquí, pero al igual que he sido subjetivo, he sabido reconocer la grandeza de estos músicos durante un periodo concreto. Todo lo demás queda amparado con el derecho de crítica.

      Gracias por pasar.

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  3. Muy buena entrada, Alex. Tu sabes que disfruto mucho con tu blog, por más que no compartamos los mismos puntos de vista en algunos temas. En el caso de Metallica, yo he llegado a aburrirme de tanto insulto a ellos. Se vendieron como unas prostitutas -eso sí, bien caras salieron- pero al final, como bien dices, demostraron que lo suyo era el Metal y ninguno de los otros géneros. Quedó demostrado que luego de este trabajo del '91, ya no podían dar más porque no tuvieron la suficiente humildad para aprender y comprender otros estilos como era debido. ¿Por qué? Porque hasta este punto habían hecho puro oro y ellos se creyeron sus propios cumplidos y alabanzas.

    ¿Qué decir del Black Album? Por más que le duela a los puristas del Thrash, éste es un pedazo de álbum lleno de grandes composiciones de Heavy comercial excelso. Me parece risible la declaración de Max Cavalera: un hombre que está tan quemado como los Metallica hablando como si fuera una autoridad de integridad metalera. El problema de este trabajo es que está tan escuchado que uno ya no quiere ni oírlas una vez más. Por eso yo tiro de The God That Failed, My Friend Of Misery o The Unforgiven (esta si no puedo dejar de escucharla) antes que otras del álbum pero eso no le evita ser bastante gozador en general.

    El trabajo los cambió a ellos y cambió al Metal. Demostraron que podían reinar más allá del Metal pero no supieron manejarse luego. De Metallica solo queda su recuerdo y sus cenizas, a mi parecer.

    Gran entrada, colega.
    Saludos.

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  4. Pues a mí me parece un entradón, chaval, lleno de verdades en algunos puntos. A quien no le guste, que no mire.

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  5. Marcaron una época, lástima que no tengan el ímpetu de antes; ahora son políticamente correctos y eso ha sido su entrada en el star sistem y el espaldarazo a la calidad...excelente entrada.

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  6. No tengo ni que decir más de lo que tú has dicho. Más que nada porque mucho de lo que has escrito no lo sabía (no soy gran fan de las biografías...) y porque tienes más razón que un santo, aunque no coincidamos en opiniones.

    Nada que decir sobre el Black Album, yo lo veo exactamente como tú lo has expuesto, un intento deliberado de vender el disco al gran público. Y no solo eso, con el obvio éxito, sino de institucionalizar la banda, hacer de ella una marca. Todo esto no lo habrían conseguido sin Bob Rock ni este disco, sin dudarlo un momento.

    Luego, cuando dices que lo que ha hecho Metallica a partir de ahí es más olvidable que otra cosa... tienes tu parte de razón. Pero hay mucho material bueno en esos discos. El primero que escuché yo de Metallica, el que me empujó a ponerme más discos enteros, fue el Death Magnetic; le tengo un cariño enorme a ese disco. James arrastra él solo a la banda y aunque es un poco triste, aún se las apaña. Los Load son discos que me encantan, aunque tengan bastante relleno (lo mejor es que ese relleno me gusta también). St. Anger es un experimento extraño... pero es que es tralla instantánea. Y eso que hicieron con Lou Reed... es muy pero que muy interesante. Se pasa por el forro la esencia de Metallica, el espíritu ese de ser instantáneamente adorables con el que crecimos, ese "orgullo jebi"... pero a mí me parece viciosamente delicioso.

    Aunque para gustos colores, ¿no? Genial post, como siempre.

    Un abrazo

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  7. A mí es un grupo que durante muchos años dejó de gustarme, pero "Death Magnetic" me pareció excelente, y el disco con Lou Reed es uno de los mejores de lo que va de siglo, aunque aquí sean mayores el mérito y el riesgo del autor de "New York". Sin negar la calidad del álbum negro, queda lejos de sus logros en los ochenta, algunos como "Justice" realmente abrumadores.

    Un abrazo.

    Un abrazo, 21st.

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  8. Es tu blog....Y puedes expresarte como quieras. Solo faltaba eso no.
    Este disco supuso para mi el acercarme a sus trabajos anteriores. Yo el trash no lo soporto.Sobretodo ese que no entiendes ni una sola palabra. pero metallica supusieron otra cosa para mi. Mi disco favorito de ellos..el Ride the lightning...Este album negro pese a lo trillado y manoseado que esta hoy dia. No deja de ser una obra de arte en si...
    Aunque siempre he preferido a sus vecinos Megadeth.
    Gran texto amigo. un saludo

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  9. Sincero e hiriente, esto últimos para aquellos aun perdidos en las utopías. Gran entrada, con la que coincido en muchísimas cosas. Amigo, en esta musica nuestra, la perdida de efectividad o inspiración se puede obviar cuando se percibe la fe ciega en lo que se cree, esa honestidad brutal,que hay que ser grande para tenerla y que Metallica perdieron hace mucho (si alguna vez llegaron a tenerla).

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  10. Leo y es como si leyera sobre los Corintios...

    Saludos.

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  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  12. Pedazo entrada te has marcado amigo... La verdad es que el disco la merece. Para mí es el último disco bueno que hicieron. Aunque no sé si fue culpa de ellos o mía, que pasé a otra edad en la que me dejó de gustar el heavy. Eso sí, por muy bueno que sea este disco, yo prefiero el "Master of pupets". Y los dos los pongo por encima del "...And Justice for all". Lo que si que es cierto es que el documental sobre la gestación de "Saint Anger" es un bajonazo total, que deja una imagen de la banda totalmente deprimente.
    Un abrazo y pasarlo bien.
    PD. A ver si algún día te animas y te descuelgas con una entrada es este pelo sobre mis adoradísimos Faith No More. Igual no te molan, pero como he visto que Hetfield los lleva en la camíseta de la foto que acompaña el artículo, lo mismo cuela...

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  13. ¡Vaya pasada de entrada! Estoy de acuerdo con todo lo que dice el autor; aunque creo que debería escuchar más el Load. Es una maravilla.

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  14. Muy buena entrada, pese a tu irracional odio a Metallica.

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  15. Pues a mí me parece un gran disco.
    No todo lo mainstream es "malo", pero vamos, como si no pudieras decir lo que te salga de los huevos!!!
    A mí tampoco me gustan Hendrix, Motor y Dylan!... y pasa algo???
    Pues si alguien tiene algún problema que me lo diga a la cara, aquí no respondo.

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  16. Que bueno!!! Me ha encantado leerte, sobretodo porque escribes lo que te sale de los nacasones y no eres un queda bien de esos que pululan por la red ya sabes... y porque cada uno-una tiene sus propios gustos y criterios sobre la música, yo ví a Metallica en buffff el 88 en el Monster of rock y bueno reconozco que flipé, claro que por aquellos entonces se me derretian las pestañas con Antrax o los Maiden y ni te cuento Helloween (todavía me pasa)...pedazo concierto dieron todos, luego dejé de seguir la pista a Metallica , supongo que no me han molado mucho y bueno siempre me ha pasado que un par de canciones seguidas las escucho pero a partir de ahí ayyyyyyy.....me rayan.
    Un placer echarte un ojo al blog CSM

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  17. Grandioso e imprescindible texto. Enhorabuena, tus palabras aciertan y, lo mejor son honestas. Me hace gracia tanto taliban que no parece entender que el pensamiento es libre y, afortunadamente, aún no nos han enjaulado ni la mente ni la capacidad de expresarnos..aunque con el siniestro ministro de la cosa de la "seguridad " quien sabe...
    Yo nunca he sido de Metallica, la verdad. Me gustan dos canciones, casi literalmente, de la banda..Razón de más para que valore tanto tus palabras..me han enganchado de principio a fin.
    Un saludo y a seguir asi..en serio..

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  18. ¡Muy buenas 21 st century schizoid man! ¡Te he nominado ganador del premio Versatile Blogger! Si quieres recibirlo sólo tienes que hacer una cosita: buscar en mi sitio la entrada sobre el premio y seguir las instrucciones... No hace falta destruir el mensaje después de leerlo :)

    ¡Abrazos!

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  19. Mil veces me quedo con los Motorhead. Saludos monstruo

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  20. Muy buen artículo, aunque a momentos una montaña rusa que perdía dirección. Pero el contenido, impecable.

    Con respecto a Metallica, comparto contigo la idea de que el álbum es brillante en lo suyo, cumplió sus objetivos. No concuerdo en el menosprecio a Load, para mi, un álbum fantástico. Quizás lo has oído muy poco o el hecho de que hayas enganchado con Metallica con el disco negro te resta algo de objetividad, pasa a veces que uno habla de música con el estómago y el corazón, algo que con Metallica se da mucho. Los que conocieron a la banda con el ...And Justice for All odiaron el disco negro, y así...

    Para mi Metallica murió con Load/Reload, esas fueron sus últimas entregas inspiradas, desde ahí ha sido penoso el asunto. Discos cada seis años, y malos...

    Acabo de reseñar el aniversario de Ride the Lightning, te lo dejo ...
    http://politomusica.blogspot.com

    Saludos!
    Esteban

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