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jueves, 29 de mayo de 2014

Una película que marcó a diversas generaciones y que lanzó, finalmente, al estrellato a un Quentin Tarantino que en aquella época era una especie de Rey Midas. Igual que hoy, sólo que haciendo gala de menos inspiración. Cuando debutó en 1992 con Reservoir Dogs, muchos eran ya conscientes de que ahí se encontraba un cineásta con el talento suficiente para realizar algún día una obra maestra. Lo que pocos intuían que eso sucediese en 1994, con su poquita experiencia como director, que constraba con el oficio desarrollado como guionista, tal y como demostró en cintas de la índole de Asesinos Natos, o Amor a Quemarropa. La gestación de Pulp Fiction tuvo como foco principal una ciudad europea: Amsterdam. Allí, entre marihuana y bares bohemios, el director de cine quiso evadirse del bullicio y el jolgorio de Los Ángeles y buscar en una ciudad europea esa calma necesaria para afrontar el boceto de lo que sería una obra maestra casi anticipada. En las afueras de la capital holandesa, inundada de sombras, con una inmigración creciente a raíz del Tratado de la Unión Europea promulgado en 1992, realizó un guión de, nada más y nada menos que quinientas páginas en el que se buscaba de forma obsesiva la fórmula que le permitiera dar con la tecla adecuada y poder lograr su objetivo de conseguir tres historias en las que, adoptando el punto de vista del espectador, pudiesen entrecruzarse en un momento dado de la película. La cinta nace de estos elementos: Godard, el cine japonés, las viejas revistas americanas que solían incluir las novelas policíacas del momento, las series de animación japonesa y, lo más importante: un consumo fortísimo de opiáceos. Pese a contar con un guión ambicioso y recargado, la productora lo desechó en su momento por ser demasiado extenso. Los motivos que llevaron a los ejecutivos a rechazarlo fue que, con la magnitud que había alcanzado, quinientas páginas de guión serían equivalentes a más de cuatro horas de película, algo que no estaban dispuestos a permitir, ni mucho menos, a financiar. Alto y claro, Tarantino, recluído en su cuarto, lo redujo a la mitad; y para ello, aparte de contar con fieles colaboradores, empezó a idear lo que sería la realización de la cinta. Para ello, contó con el equipo que le había ayudado en Reservoir Dogs, un elenco de actores con los que se había criado, y alguna estrella en ciernes, como Uma Thurman. Filmado en diez semanas totalmente intensas y hercúleas, entre septiembre y noviembre de 1993, una vez acabada la grabación, el director tenía que corregir un defecto enorme: reducir el metraje de la pelicula. Pese a acostar el guión, la película aún rebasaba las tres horas y media.



Una vez acabada la película, la productora quería poner a su servicio toda una ingente maquinaria de publicidad y marketing que Quentin desechó por un motivo bien sencillo: quería hacer de Pulp Fiction una pelicula que recuperase la vieja esencia del cine. Por mor de esta actitud, el film se estrenó en una pequeña sala de cine de Los Ángeles, para incredulidad de la gente que pasaba por ahí o que tenían ya entradas para el estreno. Después de realizar un tour por Europa, con paradas en festivales como el de San Sebastián, o Taormina, arribó al Festival de cine de Nueva York, donde, oficialmente fue presentada en sociedad. La estrategia del director recelaba de una poderosa industria respaldándolo detrás en lo tocante a la promoción; su objetivo era que los hechos hablasen por sí solos. Y lo consiguió. Holgadamente, además. Sobre su argumento no hay mucho que decir; y tampoco es la intención del firmante revelar nada, básicamente porque doy por hecho que todos o casi todos la habéis visto. Sin embargo, su estructura es alucinante,  ya que rompió con la tradición cinematográfica de Hollywood por aquella época: historias superpuestas, personajes que aparecen y desaparecen a su antojo, dejando un reguero de pólvora o una incitación al caos tras ellos, y dando pie a la relación de dependencia entre los actores y el espectador, de tal forma que sea éste quien complete los aparentes vacíos que deja la película. Hay cuatro historias, siendo tres de ellas las que más se acercan, literariamente y cinematográficamente al clasicismo: presentación, nudo y desenlace. Y los diálogos, ¿qué podemos decir de ellos? Siempre han sido el punto fuerte del de Tennesse, dotando de riqueza literaria a sus personajes, asemejándose, muchas veces, a personajes de una novela Pulp que a simples actores de cine. La fuerza de éstos no se basa sólo en cortantes y cómicos diálogos -la escena del comienzo, hablando de patatas; o cuando hablan de masajear pies y practicarle un cunninlingus a la mujer de su jefe- sino que también cobran importancia las peroratas sobre temas aparentemente mundanos y banales que, paulatinamente, adquieren una solemnidad inaudita, como  también las profusas referencias a la cultura popular de cada país y la inclusión de elementos de la llamda cultura pop, inundando unos dialogos que aquí alcanzan su máxima expresión.



También hay que tener en cuenta que es una película coral; elemento tomado, principalmente de la literatura, especialmente de la del siglo XX, cuyo desarrollo alcanzó, quizá, su esplendor con las maravillosas Manhattan Transfer del americano John Dos Passos o nuestro gruñón por excelencia: Camilo José Cela y La Colmena. Dos obras distintas pero que inspiraron al norteamericano muy superficialmente. Y se nota, especialmente, en la forma que tuvo de convencer a cada personaje de que su papel era tan importante como el del otro y así sucesivamente hasta lograr una cinta solidaria en la que ningún personaje es prescindible, sino que tiene su máxima expresión en otro. Dicha técnica consiguió que los actores se relejasen e interactuasen entre ellos, sin ningún tipo de lucha de egos. Esa democracia tácita y consuetudinaria establecida en el rodaje se transmite en la cinta, donde los personajes no pierden fuelle en ningún momento. Así las cosas, cada obra maestra dejaría de serla si no hubiese algún tipo de polémica, y, efectivamente, del Pulp Fiction fue el supuesto plagio. Claro, era evidente que ante el aplastante éxito de la cinta, alguien quisiese reclamar o denunciar el estrecho parecido entre la película y otras hechas anteriormente. Según un ingente números de críticos, entre la película de Quentin, The Killing de Kubrick o Rashomon de Kurosawa, no hay mucha diferencia. De hecho, cuando ésta se estrenó, se hizo un documental bastante injurioso sobre esto llamado Who Do You Think You´re Fooling? cuyo autor,  responsable de un videoclub de Michigan, se dedicaba a desmontar toda la ingeniería existente acerca de la película comparándola con una película de gangsters asiática llamada City On Fire. La actitud del director, en cambio, mostró un escepticismo y pasividad absoluta. Nunca ocultó que tanto Pulp Fiction como Reservoir Dogs bebían de esa película, considerada por él como una de esas obras maestras sólo conocidas por un público minoritario; sin embargo, la campaña de acoso y derribo por parte de un pequeño sector de la industria se intensificaba conforme la película iba escalando hacia el status de clásico, lo que facilitó que ésta se hiciese cada vez más famosa. Las tres mejores campañas de promoción son siempre sexo, muerte y plagio. Y A Tarantino le vino como anillo al dedo, aunque no lo buscase directamente.


 Pulp Fiction es, ante todo, una película transparante; el director logra, la mayoría de las veces conseguir que las fronteras entre cine clásico y moderno se diluyan poco a poco, al igual que su estructura, tremendamente desordenada pero que, a su vez, consigue que lo que antes no encajaba, se quedase en algo meramente anecdótico. El guión es incuestionable. Tanto su amigo por aquel entonces, Avery, como él, se obsesionaron de tal forma en conseguir una pelicula perfecta, que cada vez que terminaba el rodaje, hacían horas extras de visionado de peliculas de Jerry Lewis, cine negro y cine independiente para conseguir el equilibrio necesario. Consigue hacer guiños a películas como Psicosis sin hacer que ésta palidezca en absoluto o parezca irrisoria. Tarantino, cita sin pudor todas sus influencias cinematográficas, literarias y musicales en sus películas de forma espontánea, como se puede ver en las películas de bajo presupuesto, o en el personaje de Harvey Keitel -el Señor Lobo-, sería un ejemplo de ello; al igual que la propia parodia que hace el propio director de su propia figura insertada en la cinta. De todos modos, la polémica por antonomasia de esta obra maestra no incide sólo en las acusaciones de plagio, sino también en cómo ésta cambió las relaciones entre el de Tennesse y su mejor amigo y guionista por aquel entonces: Roger Avary. Ambos habían compartido una existencia bastante mísera y cotidiana como dependientes de videoclub; y la idea de realizar una película juntos nació de la mente de Roger. El origen del guión radica en todas las experiencias vividas con Avary en su puesto de trabajo y en las conversaciones maratonianas que ambos mantenían. Cuando el dinero no apareció en escena, todo quedó en conversaciones aparentemente informales que se reflejarían en el proyecto en el que ambos trabajaban. Cuando Quentin estuvo realizando el guión en Amsterdam, usó muchas de las ideas de Avary sin su permiso, entre ellas las del twist entre Mia Wallace y Vincent Vega o parte de la historia entre Butch y los matones a sueldo.



La altisonante y soberbia actitud de Tarantino figurando como autor exclusivo del guión irritó, como era lógico, a Avery, quien demandó al director. La batalla legal fue duradera, exhaustiva y dañó bastante la imagen de ambos: por una parte, la del director, quedando retratado como un fariseo; y por otra, la de Roger, quedando como el resentido interesado que sólo buscaba medrar a costa de él, pero claro, ¿quién le iba a negar su derecho a recibir beneficios por la cinta cuando muchas ideas habían partido de su cabeza? La indemnización fue ridícula: 30.000 euros para Avery, que era lo mínimo establecido por el sindicato de de guionistas. Una cifra ínfima en relación con una película multimillonaria y con los beneficios de Quentin, millonarios también. El único momento de tregua fue cuando subieron ambos a recoger el Oscar al mejor guión; pero aun así, pese a la normalidad mostrase, allí había dos personas que se detestaban profundamente. Y la propia originalidad del guión quedó entredicho conforme el tiempo pasaba. Los guiños evidentes al cine negro, a la propia novela negra, al cine asiático o a películas de los ya citados Kubrick y Kurosawa fueron, durante mucho tiempo, la horma en el zapato de un director tachado de brillante y original cuya realidad, quizá sea bien diferente: director y guionista creativo, sí, indiscutible pero no omnipotente, como pensáis muchos. Su mérito recaía en saber deconstruir ideas de otros y en adaptarlas al excentricismo de sus películas. Una gran obra sin duda, con un guión perfecto, al margen de su oscurantismo en materia de interpretación u originalidad, una forma soberbia de jugar con el tiempo, las secuencias y la narración, al igual que Rayuela, de Julio Cortázar, un humor negro bien insertado en todos los personajes, haciendo que éstos tengan un sello distintivo a la par que interdependientes los unos de los otros y una dirección que, si bien no es muy académica, encaja como arte, expresión comercial y síntesis de la obsesión de un director de cine por querer abarcarlo todo. Aquí lo logra, en las siguientes películas no tanto. Pero su nombre como director ya le hacía obtener cualquier tipo de prebenda y alabanza.







10 comentarios:

  1. que peliculón por favor... acá todo es genial, hasta los errores como dejar pistas falsas o historias inconclusas... el cambiar los tiempos no fue nunca nuevo, pero que bien lo usó Quentin en este film, con maestría... el elenco, todo... hasta la remera de Meteoro que usa el diler! jaja....

    amo Pulp Fiction, gran entrada esta...salu2...

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  2. Joer, parece que fue el otro día, tengo tantas anécdotas de recuerdos a su alrededor que me han venido a la cabeza un puñado mientras te leía. Salud.

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  3. La semana pasada la proyectaron en Cannes (en la playa) por el vigésimo aniversario de su Palma de Oro. Qué envidia. Una de mis películas preferidas, mi amor incondicional a Uma Thurman empezó con ella :)

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  4. Para mí, lo más flojo que ha hecho Tarantino, vacua exhibición formal que encuentra su contrapunto en "Jackie Brown", mil veces más brillante, profunda y palpitante. Sin embargo, tu texto es un defensa muy notable del film, 21st, y he disfrutado mucho de él.

    Un abrazo.

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  5. mirá la antiguedad que te voy a contar. Cuando conseguí mi primera videocasetera (una panasonic usada, por cierto) fue el primer video que alquilé en un video club. Debe haber sido en el año noventa, calculo. Por dios...
    excelente tu entrada. SAlud.

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  6. Una obra maestra....Una de esas peliculas que auna todo lo necesario para convertirse como lo es ya en una de las grandes perlas del cine. Actuaciones, musica, dialogos, direccion, y toda una cultura en si misma.

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  7. La he visto más de diez veces.
    La veré un montón de veces más.
    Me sé diálogos de memoria...
    De hecho me he transformado en la película.

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  8. Para mí, mi preferida con el Padrino.

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  9. Que buena entrada, la pelicula me encanto en su dia, como pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando la vi en unos cines de Bilbao que ya no existen, ahora hay una tienda de deportes famosa por sus incontables sucursales. Tarantino me parece irregular y a veces vulgar, pero esta me encanta, es trepidante y adictiva, fantástica.

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  10. Mira que no acabo de entrar en el universo Tarantino. Por mucho que lo intento, no consigo disfrutar con sus películas. No sé la razón pero el tipo de película de este hombre no me acaba de llegar.

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