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martes, 22 de abril de 2014

Larga vida a las tribus urbanas y sus eternas luchas.


Las cosas no han cambiado mucho con el paso de los años. La gente se pone a sí misma etiquetas y, si no es así, los demás lo harán por ella. No es un reproche, lo prometo. No voy a hacer divagaciones condenatorias para quejarme de la juventud de hoy en día. Tan solo pretendo recalcar lo obvio. El punto en cuestión es que siempre ha habido una tendencia irrefutable en el ser humano a catalogarlo todo, desde los descubrimientos científicos a los tipos de hipotecas, de las categorías de sexo a los granos de café. La naturaleza humana no iba a librarse de esta actividad organizativa por más que quisiera. Esta tendencia puede verse a través de la historia, en esa cuestionable pero talentosa capacidad que hemos demostrado al dividirnos en estratos sociales desde la época de los faraones hasta ahora. Todas las sociedades de todo el mundo y en cualquier época han hecho lo mismo, clasificándose según el poder que tenían sobre los demás. Cualquiera pensaría que estas agrupaciones serían homogéneas, que sus integrantes formarían una piña los unos con los otros. Pero no. La verdad es que somos demasiado distintos unos de otros, e incluso dentro de una misma categoría social necesitamos pertenecer a algo más, tener un grupo con el que sentirnos identificados. Lo mismo se trata de la familia, la religión o los intereses, pero el caso es que nos gusta rodearnos de aquellos que nos son semejantes.

En las últimas décadas de nuestra afascinante y tragicómica historia hemos sido espectadores y partícipes del nacimiento de una nueva forma de organización en las ciudades: las tribus urbanas, jóvenzuelos que se visten de manera escandalosa, todos iguales y que van por ahí con su música rara (según palabras textuales de mi abuela). Y para qué mentirnos, pertenecer a un grupo puede ser algo maravilloso: renuncias a la soledad y se tienen en común gustos y aficciones los semejantes; incluso se comparte un odio extraño por aquellos del bando rival.

Y no hay mejor ejemplo para todo esto que Quadrophenia (1979).
En los sesenta británicos nacieron dos subculturas entre la clase trabajadora: los mods -diminutivo de modernos- y los rockers, dos especies de la fauna urbana que se odiaban a muerte con la misma intensidad con que amaban los vehículos a dos ruedas. Los primeros se distinguían por sus polos, parcas y scooters; los segundos, por una vestimenta y peinado dignos de Grease.
Jimmy pertenece a la primera categoría. Con sus bien cortados trajes y sus importantes reservas de pastillas, él y sus amigos cabalgan a lomos de sus scooters tuneadas por las calles de la Londres del 64, en busca de diversión tras un duro día en el trabajo. Todas ellas cosas muy comunes y naturales, pero para ellos significa más. Para Jimmy, en realidad, ser un mod no consiste sólo en ir bien vestido y disfrutar de una fiesta al son de la música sesentera: es un modo de vida, más allá -aunque estrechamente ligado- de la propia imagen que pueda ofrecer al mundo. El ser un mod le permite distinguirse, ser diferente. Le proporciona la certeza de saber cómo tiene que actuar, qué ropa habrá de ponerse o qué música ha de gustarle. Esta identidad cultural de una forma lo llena, lo completa; por otra parte lo suplanta y erosiona lo que él podría llegar a ser, pero aún así le concede el deseo que anhelaba: era diferente.


Yo no quiero ser igual que cualquier otro; por eso soy un mod. ¿Te enteras?”, dijo Jimmy. Eso es a lo que aspiraba el protagonista. Y es irónico, como todas las tribus urbanas: el deseo de ser distinto de la tendencia general te lleva formar parte de otra. Claramente se diferenciaba por su apariencia y contrastaba con sus odiados rockers, pero al mismo tiempo su presencia se confundía entre la de todos los mods que le rodeaban.
La película va un poco de eso, de la identidad de Jimmy en cuanto persona y en cuanto a miembro de los mods: los viajes a Brighton en bandadas, las batallas con los rockers, la forma de vida que había elegido por un lado. De otro, tenemos las relaciones de Jimmy en cuanto a sujeto en sí, sus amores y traiciones pero, sobre todo, sus creencias, aspiraciones y evoluciones.
En este sentido resulta fundamental la presencia de Sting (The Police), 0 más bien el personaje al que da vida. No tiene trato con Jimmy. La relación entre los dos se basa en una mera adoración por parte del protagonista hacia éste, quien no es otro que el Rey entre los mods. Sting siempre ha tenido presencia majestuosa, y de esa actitud se aprovechó para debutar en el cine con Quadrophenia. Su presencia ayudó a The Police, aunque hay que reconocer que en el plano musical no tienen mucho que ver con la esencia de la película. Sea como fuere, el papel que representa será de importancia crucial en la vida de Jimmy, el punto de inflexión que lo llevará a replantearse todas las decisiones que ha tomado sobre su way of life.

Como no podía ser menos, The Who tienen un papel fundamental en esta producción. El mismo título de la película fue tomado del doble álbum que el grupo publicó en el 73: una verdadera joyita bajo forma de ópera rock. La mayor parte de la banda sonora se compone de sus canciones, un conjunto de piezas que fielmente se apegan a la cultura mod. O más bien, que fueron acogidas y admiradas con agrado por ésta. El grupo, al fin y al cabo, tuvo una influencia bestial sobre los modernos sesenteros, dándose forma mutuamente, y no es posible pensar en uno sin los otros.
Admitiendo desde el principio que no se trata de una película objetivamente genial, no cabe duda de que Quadrophenia se ha convertido en una película de culto, una representación fiel a lo que en su momento fue un fenómeno en el panorama musical y social y, a la par, no deja de ser crítica en su tarea. Trata sobre una cultura, de su faceta humana y sus defectos con un realismo crudo que no por ello deja de ser fascinante en su propio modo.




12 comentarios:

  1. Joder esto es sintonia. El lunes volvi a ver le peli (y van ya....) y es una puñetera gozada volver a ver el pipiolo Sting, las pelas con los roquer, y ese final con la vespa voladora. Y en medio, The Who. We are the mods, we are the mods.........

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  2. En cambio considero que la peli dispone de una gran ambientación de la cultura mod menos en la musica salvo esa cara dedicada al nothern soul y r'n'b del soundtrack. Lo de los Who no es mod en ese disco hacía años que habían abandonado esa cultura por la rocker. La peli un poco toston a mi gusto. El disco no es el mejor del grupo pero si tiene enormes temas

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    1. Ciertamente habían abandonado su faceta mod para a época en que se estrenó la película: habían evolucionado. En cualquier caso, el movimiento también cambió desde sus orígenes y lo que la banda representó para éste sigue teniendo un peso importante, por mucho que haya tirado a otros panoramas. El hecho de que tanto el álbum como la película compartan el nombre refleja también esta relación que, aunque fuera pasada, no puede pasarse por alto.
      Respecto a que la peli es un tostón, no puedo negártelo categóricamente. Yo la vi cuando tenía catorce años, me vestía como Twiggy y tenía un poster de los Who en mi habitación, así que la afinidad que sentí con la película cuando la ví me da un punto de vista relativamente parcial. Tendré que trabajar en eso ;)

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  3. Un mito en el cine y la música, sin embargo personalmente no me lo parece ni en una cosa ni en otra, eso sí, las cosas no han cambiado mucho desde entonces, es más, ahora las peleas se graban con los móviles.

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  4. Opino como don Bernardo, Valoro tu entrada, Neon, y me gusta; pero la vi y me pareció un coñazo. Y eso que a mí los Who me encantan, pero creo que la película queda floja y pone a los mods como si fuesen Joyce y a los rockers como si fuesen escoria. Yo soy más rocker que mod, salvo cuando veo a Paul Weller; ahí ya me lo pienso.

    Besos, princesa mía.

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    1. Es lo mismo que la conclusión que saqué al final de la entrada. La película no es objetivamente buena, pero lo interesante que tiene es la forma de ambientarte en el mundo Mod.
      De todas formas, si te das cuenta la película no intenta dejar bien parados a los mods: los retrata de una manera bastante cruda, sin ocultar sus defectos, y el final mismo -que se relaciona con la primera escena de la película- refleja la desilusión que siente el protagonista ante el movimiento mod. La película en sí es más crítica ante esta subcultura de lo que crees.

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  5. Que curioso Alex, hace poco la vi, y es verdad que como película, técnicamente, no es perfecta ni mucho menos, pero el transfondo es genial, tengo el doble vinilo, la primera edición, y he de dcir que el seundo disco lo tengo en un altar, las canciones de James Brown, Booker T, y todas esas canciones que solían sonar en aquellas fiestas, un segundo discos que se debería estudiar en la ESO. gran entrada, y excelente reflexión inicial. Saludos

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  6. se que es una película hoy de culto, incluso me encantan las motos.... pero nunca me banqué a Sting así que nunca la ví.... debería? es indispensable? salu2!

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    1. A mí no me lo parece, en absoluto. Ésta es como la que hicieron del Grunge en su día. Queda anécdotica si te gusta el movimiento. Por lo demás... meh.

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  7. Hola, Neon. Lo primero, buena entrada. Me alegro de que escribas así porque Álex, a quien quiero mucho, pero es un pedante de mierda insufrible, y tengo que gastar diez cartuchos de tinta de impresora para leerle. Con lo que me gustan las entradas así, cortitas y al pie, que las pueda leer cualquiera.

    A mí Quadrophenia sí me gustó, pero creo que beatifica demasiado a los mods, y los pone de ejemplo a seguir cuando todos sabemos que eran aburridos. Y del disco ni hablo. Me produce bostezos. Un beso, Neon, coge tú el timón de este barco.

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  8. Parto de la base que es mi album favorito de la banda...El film....me parece la mar de entretenido. Como comentas no es una pelicula para enmarcar......Pero es un pedazo de la historia del rock........mas que del cine.

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  9. De nuevo por tu casa, disfrutando de las cosas que nos dejas. Siempre un placer.

    Saludos.

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